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Editorial 64

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 11 oct 2015
  • 2 Min. de lectura

La paz y gracia del Señor Jesucristo con vuestro espíritu Hermanos lectores


En cierta ocasión hace mucho tiempo observé como un gran edificio construido con las más altas perspectivas arquitectónicas fue demolido para dar paso a otro gran edificio que se construyó con mucha mejor belleza y funcionalidad arquitectónica que requería el centro de la ciudad. Esto mismo sucede cuando creemos en el Señor Jesucristo, Dios el Padre y el Espíritu Santo comenzaron una obra de demolición en nosotros, el viejo hombre caído por Adán ha dado paso a una nueva creación en el espíritu, ahora es Jesucristo el que resurge de ese desmoronamiento y trata de quedar sin vestigio alguno la antigua forma de ser, aun a veces tratamos de volver a esa condición adámica que amenaza la nueva vida de Cristo. El Señor Jesús está al pendiente y derriba todo regreso atrás utilizando la cruz y nuestro Padre usa su disciplina para con nosotros y al Espíritu Santo con su poder nos guía a la verdad.


Esta analogía nos enseña el valor de la cruz en nuestra vida. El sacrificio de Jesucristo gana terreno en nuestras vidas al hacer morir en nuestra alma y cuerpo el deseo de alejarnos de las conductas pecaminosas, no había nada bueno en nosotros en nuestro viejo hombre, poco rescatable y nada de que enorgullecerse, antes al contrario, como dice la escritura que de lo vil y lo menospreciable el Señor nos trajo a su reino espiritual.


Lo anterior es para que no haya jactancia de parte nuestra en el hecho de ser salvos haya sido por alguna cosa por muy pequeña que sea en el cual podamos decir que hicimos algo para merecer la salvación. Esta elección es del Padre y solo lo hizo por el gran amor que nos tiene por el Señor Jesucristo.


Siguiendo con la analogía, ese edificio que está en plena construcción ha exterminado y destruido todo lo que el hombre haya tenido, es un nuevo nacimiento que ha dejado atrás toda su carnalidad y voluntad almática para refugiarse en la voluntad de Cristo. Aun las dotes y habilidades para agenciarse el pan de cada día habrán de tener una variante para ejercer el ministerio que le será otorgado según sus destrezas en este mundo.


Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo soportan toda disciplina proveniente de Dios, sabemos que procede para nuestro bien, de no soportar la disciplina y de no sentirla ¡cuidado! No seriamos hijos, sino bastardos. La iglesia es el organismo espiritual vivo en el cual descansan los hermanos en gozo y testimonio. El amor que manifiestan y se dispensan entre los hermanos refleja el gran amor de nuestro Padre y del Señor Jesús por su iglesia. Hay que buscar a Dios en cualquier momento, mientras puede ser hallado, o de lo contrario se estarán separando de la bondad de Dios por una eternidad.

Jesucristo es el Hijo de Dios, es la oración que separa la vida de la muerte, compártela. Amén.

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