Editorial 68
- Cuerpo Editorial

- 28 oct 2015
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No sabemos cuándo será el juicio de las naciones, si durante el advenimiento por segunda vez del Señor Jesucristo, o estableciendo el Señor Jesucristo su reinado de mil años donde serán juzgadas las naciones de esta tierra, lo que sí es un hecho es que Dios designó constituir las naciones en esta tierra. En los orígenes todos eran una misma lengua, pero el hombre en su afán de querer enfrentarse a Dios, se les disolvió e hizo una confusión de lenguas que orilló a dividirse a los hombres según se hacían entender con el nuevo dialecto, de ahí dio origen al nacimiento de ciudades y reinos hasta los tiempos modernos, a raíz de las guerras, naciones han sometido a otras naciones y ha propagado idiomas, costumbres, tradiciones, rasgos intelectuales, herramientas, conocimientos, etc. Y esto ha sido posible para que en el transcurso de la historia se formen las naciones y hasta ahora, haya aproximadamente 250 naciones registradas en la ONU. (Curioso que no lleve el nombre de estados o países sino naciones).
El propósito de Dios es establecer la iglesia de Jesucristo en todos los confines de la tierra, para él no hay imposibles y en todos los dialectos hay quien exprese el nombre del Señor Jesucristo y se encuentran en todas las naciones del mundo, nuestra visión espiritual es obedecer a las autoridades de nuestra nación, pero espiritualmente hay que tener la visión de velar por la ciudadanía espiritual porque lo de aquí es pasajero y la espiritual es eterna, aun cuando parezca extraño que en nuestro país en el centro y sur se establecieron culturas indoamericanas que estoy seguro conocieron la palabra del Señor Jesucristo antes que llegaran los colonizadores.
Las palabras proféticas del Señor Jesucristo a sus discípulos de llevar su palabra a todos los confines de la tierra se cumplieron y no fue dicha metafóricamente del mundo conocido, pues el Espíritu lo conoce todo en pasado, presente y futuro. Lo cierto es, el Señor Jesucristo juzgará las naciones conforme a un juicio justo y real de lo que hicieron dichas naciones con los siervos que predicaron su palabra y dieron el testimonio de sus vidas. Los gobiernos de las naciones deben permitir la libertad de expresar el evangelio de Jesucristo, callando esas voces del enemigo de Dios reclamando respeto a la vida institucional de una ley, líbrenos el Señor Jesús de acudir ante las autoridades para predicar el evangelio, (ojo predicadores mercenarios) eso lo hace el embajador religioso de mayor corrupción en la tierra.
La existencia de las naciones es obra y propósito de Dios, el Padre en su amor permite en el espíritu de Filadelfia los últimos esbozos de libertad de movimiento de predicar el evangelio por cualquier medio de comunicación y los que están en el ministerio de evangelismo y apostolado llevar el evangelio a toda criatura debe encontrar eco en el alma que duerme y debe despertar, pues el fin de la siega se está acercando y el espíritu de la iglesia de Laodicea inicia su etapa de volverse ególatra y vanidosa.
Oremos al Padre por que la predicación de la palabra del Señor Jesucristo sea esparcida por toda la tierra. Amén.




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