Mandamientos de Jesucristo (7)
- Cuerpo Editorial

- 9 nov 2015
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La condición del mandante es que su voluntad se cumpla y el mandatario en reacción debe obedecerlo, ya que su figura es la obediencia en el cual cumpla con el encargo para que se pueda establecer una relación de mandante y mandatario. Jesucristo, al anunciar su partida de este mundo deja un legado importante para todas las generaciones de sus seguidores, la característica principal y su enseñanza está basada en el amor, en el cual nos permite conocer que viene de Dios y que es un amor digno de aprenderse y de imitarse, porque ya lo traes intrínseco en el Espíritu Santo que él te otorga, a fin de que puedas vivir en este mundo.
No hay concesión o cláusula que te permita no obedecerlo, no te da ningún resquicio por el cual puedas sustraerte de su mandamiento último. Jesucristo dice en Juan 13:14 un mandamiento nuevo os doy; que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. Ya no solicita el no agravio o la condición pasiva de no ofender a los hermanos, el requisito fundamental en la relación de los seguidores, creyentes sustentados en la fe en Jesucristo es el amor, es la base sólida de las relaciones de los miembros del cuerpo en Cristo que se establece como iglesia.
Es la iglesia en el cual se relaciona los hermanos, en el cual deben tener comunión sana y espiritual, es ante los ojos de quienes no son de la iglesia, es en la familia en donde se estrechan más las relaciones de sus integrantes, el testimonio es de verse, Jesucristo te ha dicho que tienes que practicar su amor como él lo prodigó a sus primeros discípulos, tiene que ser la misma intensidad, ejemplo, características del amor que se describe en sus evangelios.
¿Cómo puedes conocer el amor de Jesucristo que le dio a sus primeros discípulos y a todos los que se encontraba en su paso? Pues leyendo la escritura en el espíritu, ¿cómo puedes sustentar el cumplimiento de un mandamiento? Conociendo la voluntad del mandante. Exhorto a los lectores a leer los cuatro evangelios y aprendan del amor de Jesucristo, es la condición que nos identifica ante el mundo como dice en Juan 13:15 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviéreis amor los unos con los otros.
Del amor se ha hablado y sé que existen blogs posteriores en el cual se hablará de las diversas clases de amor de Dios en el hombre, a fin de que la vida del hombre se llene de la esencia de Dios, el recuento del mandamiento trasluce lo que se ha dicho por varios hermanos en blogs anteriores, el testimonio es el resultado de un objetivo: la obediencia a su palabra. Y no, no hay otro camino en el cual podemos dirigirnos al Padre, este camino y este andar sobre el camino deben estar revestidos de las enseñanzas de Cristo y su obediencia.
Si los del mundo ven a los hermanos congregarse en el amor de Jesucristo, el efecto de esta causa será: reconocerán que Jesucristo es una realidad en la vida de los hermanos y los reconocerán como genuinos practicantes de la palabra de Jesucristo.
El amor debe dispensarse aquí en esta vida, no debe guardarse o escatimar sacrificio para amar a los hermanos si es necesario, el amor requiere sufrimiento, soporte, despojarse de sí mismo, humildad, sencillez y practicidad, el amor es disciplina y orden, antes de ir al mundo, el amor debe extenderse en la iglesia que la cubra de los ataques del enemigo, del mundo y de la carne. El amor es para siempre, no es de momentos o ciertos periodos, es difícil en la carne, pero ¿acaso olvidamos que tenemos el Espíritu Santo de nuestro Dios? Con su fruto hace cumplir en nosotros este mandamiento, si nuestro Padre es el Dios de amor y Jesucristo es el enviado de Dios para enseñarnos el amor de Dios para esta generación, y nos envía el Espíritu Santo para que lo recibamos y ha dispuesto en su corazón las obras de amor en nosotros, ¿no podemos poner de nuestra parte y creer que somos testigos del amor de Jesucristo por cumplir el amarnos los unos a los otros?
Porque el amor es una acción, un verbo. No es una letanía ni misticismo, es un hecho de fe, con el propósito de agradar a Dios, manifestar el testimonio de Jesucristo y que otros sean restaurados de su pobre estado espiritual. Somos como practicantes de alguna carrera universitaria, luego de aprender minuciosamente en la congregación los primeros mandamientos, con el tiempo el Espíritu nos lleva a los momentos donde pongamos en práctica nuestros conocimientos, porque la fe sin obras es muerta. ¿De qué le sirve al pasante de enfermería matarse en las noches leyendo libros y tratados, si no pone en práctica lo que ha leído con pacientes de carne y hueso? ¿Le es de provecho al pasante de abogado saberse de memoria la ley estatal y de la localidad donde vive, si no asiste a los juzgados y oye y aprende a litigar con casos reales? ¿Un químico recién recibido no podrá poner a prueba sus conocimientos teóricos al realizar por sí mismo las reacciones u operaciones según su campo de estudio? Así en la vida de la iglesia, lo que se aprende en la congregación, se ejecuta dentro de la congregación y, en un posterior período de madurez, ante el mundo. Amén.

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