Mandamientos de Jesucristo (8)
- Cuerpo Editorial

- 9 nov 2015
- 2 Min. de lectura

Los siguientes temas ya fueron tratados en anteriores blogs: El bautismo en el nombre Jesucristo y La celebración de la santa cena y por considerarlos que están explicados conforme al Espíritu Santo, Ver los blogs los Mandamientos de Cristo (con fecha 19 de abril del 2014), El bautismo y La celebración de la cena del Señor Jesucristo (con fecha del 23 de abril del 2014). Solo me voy a permitir compartirles que es necesario volverse a la lectura del nuevo pacto en un correcto orden y discurrir los capítulos uno por uno y versículo por versículo.
Una vez que leas los blogs anteriores, te encontrarás en la encrucijada de seguir a Jesucristo y su palabra o seguir en la inercia peligrosa de desviación a la apostasía en que van cayendo los grupos denominacionales por una falta de obediencia al Señor Jesucristo.
Comprendo a los hermanos de este cuerpo editorial, de la gran tarea espiritual de hacerles llegar amables lectores la importancia de apegar sus vidas al evangelio del Señor Jesucristo. No es posible decir que somos del Señor Jesucristo y no conocer y mucho menos guardar sus mandamientos. No es creíble si trabajo de un cajero en un banco y no conozco las reglas elementales y básicas de ese banco, lo siento, esto quiere decir que no es cierto que trabaje de cajero en tal banco. Esto mismo sucede cuando no estamos haciendo lo que dice la escritura del nuevo testamento. Hay algo que no nos permite ser fieles y auténticos integrantes de la iglesia.
Los tiempos actuales son hermosos porque el espíritu de Filadelfia (amor entre los hermanos) todavía se cierne en sus últimos años en la iglesia, ya se avecina el establecimiento del último espíritu Laodicea (pluralidad de opiniones) que llevará a la iglesia a una separación con su cabeza: Jesucristo. Esas manifestaciones ya iniciaron en el mover de la iglesia que marcha fuera de la voluntad de Jesucristo, se sienten hinchados en su soberbia y se apartan de la esencia espiritual de Jesucristo.
Lo gratificante para una oveja; obedecer a su pastor. Lo recomendable para un siervo: conocer los mandatos de su señor. Lo imponderable de los hijos: obedecer a su padres. Lo necesario de un salvado: dejarse llevar por su salvador. Lo necesario de un alumno: atender las enseñanzas de su maestro. Lo normal de un miembro del cuerpo: seguir a su cabeza. La serenidad de un alma, buscar el confort de su obispo; lo anhelante de una novia: sentirse atraída por su novio. Estas analogías obedecen a una etapa normal de adhesión a las órdenes superiores que les han sido impuestas.
Si Jesucristo es Señor, Salvador, Pastor, Maestro, Cabeza y Novio de la iglesia y Obispo, tenemos que cumplir sus mandamientos. La obediencia a su palabra por muy dura o difícil que sea, constituye una esencia de ser espiritualmente aceptos a los ojos de Dios, se baluarte columna de la verdad. Amén.




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