Editorial 70
- Cuerpo Editorial

- 14 nov 2015
- 2 Min. de lectura

En cierta ocasión me comentaba un hermano en Cristo de un hecho que le sucedió en sus inicios de conocer la palabra del Señor Jesucristo, me decía que en su tienda él había separado un dinero para suplir algunas necesidades de clientes, amigos, vecinos u alguna persona que lo requiera vía préstamo, porque había leído el mandamiento de Jesucristo al que te pida prestado no se lo rehúses. Cierto día, fueron muchas personas a su negocio a solicitarle préstamos y ayudas, al cual en forma generosa proveía a los solicitantes, hacía referencia que ese día los proveedores llegaron y tuvo que pagarles y, por si fuera poco, ese día no había vendido casi nada, ya en la tarde como a las cuatro, un joven fue a solicitarle un pequeño préstamo al cual accedió y saliendo de la tienda, se puso a llorar al ver que se había quedado sin dinero.
Me comenta con lágrimas en sus ojos, que en momento de desesperación lanzó la biblia con coraje y frustración (un nuevo testamento), éste rebotó en un tubo y regresó golpeándolo en su vientre y cayó en el suelo a sus pies -me siguió diciendo- que el todavía molesto no quiso recogerla, pero que algo muy poderoso lo obligó a tomarla y acto seguido accedió a levantarla, lo primero que leyó fue el versículo en la carta a los corintios: “No te canses de hacer el bien”, el llanto pasó a su ojos intensamente y comprendió que el excelso Padre utiliza cualquier medio para hacerte comprender su palabra, ya no le importaba si había clientela o no. Había reconocido al Señor Jesús como Maestro y Señor.
El hermano me siguió comentando que a partir de las seis de la tarde, una copiosa clientela abarrotó su negocio y nunca tuvo una venta tan grande en tan solo tres horas, como la de ese día, me decía que aún cuando a un comerciante las ventas es su alimento, momento favorito, ese día su espíritu lo mantuvo quieto y le enseñaba que hay que esperar siempre en la bondad del Padre.
Estimado lector: el Señor tiene un propósito en nuestras vidas debemos siempre estar atentos a las enseñanzas de Jesucristo quien utiliza cualquier método, vía o manera de enseñar, demos gracias al Padre por nuestras debilidades para que nos fortalezca, demos gracias a Dios por nuestras limitaciones para que nos lleve por grandes transformaciones, demos gracias al Señor por todo a fin de que el obre grandemente y no te canses de hacer el bien. Amén.
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