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Editorial 72

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 14 nov 2015
  • 2 Min. de lectura

Nos comentaba un hermano en Cristo que hace ya tiempo, en el afán de ser un buen hijo de Dios que agradara a Cristo, se hizo una pregunta y fue ésta ¿Qué puedo hacer Cristo para impactarte así como tú me impactas cada momento? Regresarle tan solo un poco de lo mucho que me das y rápidamente el Espíritu le redargüía y se contestaba con estas palabras ¡pobre de mí! al tener ese pensamiento tan limitado cuando el amor de Cristo, por su iglesia y todos los hermanos sobrepasa este pensamiento y entendimiento aun para los santos de la iglesia.


Qué vergüenza me da conmigo mismo al querer llamar la atención del Creador del Universo -siguió diciendo el hermano-. Esto es normal, y más normal es que debemos expresar las interrogantes espirituales, no todo lo sabemos todos, ni todos lo sabemos todo, requerimos al cuerpo de Cristo establecido en la tierra para apoyarnos espiritualmente y nos ha servido esta lección porque a veces no entendemos el gran amor que nos dispensa el Señor Jesucristo y nos lo hace saber por el Espíritu.


El tener en claro nuestra identidad espiritual nos ayudaría mucho para tener efectividad en este mundo y realmente poder reflejar el carácter de Cristo y al estar unidos a Él como los pámpanos a la vid ser para nuestro Padre Amado. Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.


Leer la escritura del nuevo pacto nos proporciona la sabiduría del Señor Jesucristo y si verdaderamente quisiéramos agradar al Señor Jesucristo es comprender la obediencia que debemos guardar en nuestras vidas de su palabra como él nos mostró que no vino hacer su voluntad sino la del Padre, obedecer la palabra de Jesucristo solo lo puede hacer su Espíritu en nosotros, nuestra carne es débil y tenemos que enseñarnos vivir en el Espíritu.


Otra cosa importante para el Señor Jesucristo es la renunciación, es importante que nuestro yo, ya no viva más en nosotros, sino Cristo viva en nosotros. Juan el bautista es el claro ejemplo de la renunciación y en estos tiempos tenemos que recibir la guianza del Espíritu para lograr la victoria de nuestra carne.


Actualmente nos complacemos y nos sorprende de cuan maravillosa obra hace nuestro Señor Jesucristo en la vida del hermano en no perder oportunidad de anunciar las buenas noticias del evangelio en el hermano a toda criatura. Amén.

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