Editorial 79
- Cuerpo Editorial

- 28 nov 2015
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La paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo en vuestro espíritu.
La iglesia de Jesucristo establecida en esta tierra, no puede estar luchando contra todas las fiestas, ritos, tradiciones, costumbres, leyendas del mundo: el deber es dar testimonio que somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Tampoco podemos estar criticando y juzgando la conducta, actitudes e ignorancia de la palabra del Señor Jesucristo que realizan los del mundo.
Los trecientos sesenta y cinco días del año constituyen la celebración de los más diversos temas o asuntos, para engrandecer que el hombre puede hacer todo y para todos, la falsa unidad de sus programas obedece a muchos intereses que no corresponden para aliviar la vida de los seres humanos.
Debemos pues tener cautela y no chocar contra las corrientes del mundo, que son verdaderas avalanchas de ignorancia y de idolatría, debemos mantenernos en la roca de salvación (Jesucristo) y de ahí en conjunto realizar las actividades espirituales que nos ordena y manda el Señor Jesús.
El testimonio que debemos guardar es el amor entre los hermanos, la esperanza de la vida eterna y andar en fe y por fe. Hemos sido revestidos de Cristo por el Espíritu Santo, quien en su multiforme poder nos reparte con liberalidad los dones y frutos que el Padre le ha destinado al servicio de los necesitados.
La proclamación de las buenas nuevas constituye una actividad responsable ante los ojos de los hombres, es testimonio de nuestro paso por este mundo en este tiempo. Guardar la palabra de Jesucristo y retener su nombre es una gran proeza ya es una causa en el cual el enemigo de Dios impregna en el hombre. La venida del Señor Jesucristo es inminente en pocos siglos, pero ya empieza a manifestarse el rechazo de muchos y la falta de esperanza de algunos.
Mantenerse fiel a Jesucristo y guardar su palabra es un deber que debemos de guardar, nuestra conducta hará ver a los que nos rodean que la verdad está en nosotros, resistamos a contaminarnos con allegarse a las fiestas del mundo, algunos han caído en la tentación y en los reflectores falsos de que todo es bueno con tal de mantener la unidad de la humanidad.
La separación que hizo nuestro Padre a sus hijos es para no mezclarse con el mundo, en nosotros esta la esperanza de gloria: Jesucristo y en él estamos completos. No requerimos de ningún contacto con los que siguen celebrando lo del mundo. Hay una espada que nos divide y esa es la palabra escrita en el nuevo pacto. Evitemos el contagio y dejemos de participar con las fiestas del mundo, no vaya a suceder que nuestro corazón desea volver atrás y te conviertas en estatua de sal.
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Amén.
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