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La escoria del mundo

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 30 nov 2015
  • 4 Min. de lectura

El desecho de todos. Estas palabras dijo el Espíritu Santo en la primera carta a los Corintios al apóstol Pablo para que escribiera el destino terminal de un hombre que verdaderamente sirve a Dios y a la iglesia de Jesucristo.


¡Qué diferencia de lo que pasa en este mundo en estos tiempos donde los hombres que en apariencia sirven a Dios, buscan el glamour del mundo y quieren aparecer como los hombres del mundo! El fin de todo el que sirve a Dios es muy distinto a lo que se pretende hoy en día. El panorama no es halagador, o dígame usted amigo lector: si el gesto de amor de nuestro Padre de sacrificar a su Hijo por nosotros, es digno de imitación en nuestra humanidad y en nuestra carne. ¡Claro que no! En nuestra debilidad queremos que a nuestros hijos les vaya lo mejor y nos esforzamos para que tengan una buena vida en términos humanos.


Valorar el sacrificio de su Hijo Jesucristo no está al alcance de nuestra mente, solo el Espíritu nos da una muestra del gran amor de Dios que tiene por nosotros; es invaluable y lo que representa en estos tiempos: la vida eterna en gozo y gloria es inconcebible esa manifestación de misericordia y de amor derramada en nosotros.


Predicar la verdad de los evangelios requiere una verdadera separación con el mundo, una completa renunciación del yo y una incuestionable vocación de servicio y lo más preciado: el haber sido tomado por el mismo Señor Jesucristo, porque la travesía es ardua y difícil con los parámetros y señales de su santidad; como está escrito en el capítulo 4 de la primera carta de los corintios 9 Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.


El anterior versículo describe una vida digna para Dios e indigna para las cosas que ofrece el mundo. Esto es una verdad, no es una alegoría o una posible realidad, a esto lleva el predicar la palabra de Jesucristo en nuestro tiempo, el maestro enseña con el ejemplo, no a base de conjeturas o supuestos y los apóstoles verdaderamente de Cristo, se envuelven en estas condiciones de vida espiritual.


La iglesia tiene que reconocer a estos hombres, no a los falsos que quieren darse la vida de los del mundo, que andan en apariencia o hipocresía, sino en la verdad y en las mismas circunstancias que se enmarcan en el evangelio, son las marcas y señales que verdaderamente viven en el espíritu y no en la carne.


La iglesia no tiene estos parámetros de los apóstoles, los miembros de la iglesia han sido escogidos para testimonio con los de afuera, son luz en el lugar que han escogido para vivir, sufrirán persecución y ataques pero el Señor Jesús los librará y el Espíritu Santo los alertará de cualquier situación. La diferencia es notoria entre el testimonio de los apóstoles y los hijos de Dios por la fe en Jesucristo establecidos como iglesia del Señor como sigue escribiendo el apóstol Pablo 10 Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, más vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados.


El enemigo de Dios y el espíritu que mueve el mundo accionan constantemente para flagelar a los siervos de Dios, no desean por ningún motivo que se esparza la palabra de Jesucristo las buenas nuevas de su evangelio porque conocerán la forma de derrotarlo y de traer el reino de los cielos al lugar que están establecidos. Tratan por todos los medios a su alcance para desvirtuar, desviar y renuncien a su misión apostólica.


Ayudarán a los que anuncian el antiguo pacto, prediquen el evangelio de condenación, prosperidad, de la risa, la división en las denominaciones. Que enseñan a vivir en la ley, de los discursos del fin del mundo y cuanta más doctrinas alteradas y adulteradas, el propósito es que no se anuncien las promesas, los mandamientos, los misterios, la palabra de Jesucristo, esto se podría: los que están perdidos en los distractores del mundo, los que ya están encarcelados en su mente y carne, los que no han sido llamados para la vida eterna no hay problema: ellos siguen en sus desvaríos y delicias del engaño y la trampa.


El propósito del enemigo de Dios es: por todos los medios atacar, golpear, dañar a los que quieren establecer congregaciones donde su fundamento es Cristo como el Hijo de Dios, porque conoce que una iglesia reunida en torno a Jesucristo es de antemano su derrota en ese lugar. El apóstol Pablo escribió en la carta a los Corintios algunas penalidades sufridas y la forma de contrarrestar la adversidad y los padecimientos por el servir íntegramente las enseñanzas del espíritu 11 Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija.12 Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos.13 Nos difaman, y rogamos;


No maldiciendo, ni quejándose, ni doliéndose sino enseñando el camino que le corresponderá seguir a todos aquellos siervos por predicar la palabra de Jesucristo “hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo el desecho de todos”. Amén.

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