Editorial 84
- Cuerpo Editorial

- 21 dic 2015
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La paz y la gracia del señor Jesucristo llenen vuestro espíritu
La idolatría constituye un espíritu que ha puesto el enemigo de Dios en la mente y el corazón de los hombres. La humanidad desde sus inicios ha cultivado en las generaciones posteriores el deseo de adorar o creer en cosas, objetos e inclusive en personas. Hoy en día, a pesar de estar en un nuevo mundo de tecnología avances científicos, prominentes hombres de la cultura, política, empresa, educación, continúan sus manifestaciones públicas de adorar cosas inanimadas.
La religión dominadora de las conciencias del mundo occidental ha mantenido una férrea insistencia en la adoración inclusive al artículo de maldición como la cruz para tenerla como centro y así atraer la atención para venerar imágenes, cuadros, esculturas y objetos considerados en el misticismo religioso como “sagrado” y una actividad que agrada a Dios.
Sus argumentos han sido que de la misma Biblia se ha comentado que la promoción de la creación de imágenes ha venido de Dios y citan versículos en el cual Dios solicitó la creación de imágenes en el arca, así como en el templo de Salomón y otras menciones que están escritas en el nuevo pacto. Ellos basan sus argumentos en que Dios ordenó al pueblo judío a esculpir dichas imágenes bajo sus instrucciones, ya que nadie tiene acceso a su Majestad y a su Gloria. Pero así se estableció para diferenciarse de la idolatría que prevalecía en el mundo antiguo y jamás ordenó una especie de adorar dichas figuras.
Hoy en día está infestada la idolatría en todo el mundo religioso, ateo y esotérico, la iglesia de Jesucristo establecida en la tierra se mantiene ajena en esa corriente, sabe que somos del Espíritu y nada que proceda de lo terrenal agrada al Padre, sino solamente que proceda de su gloria. La gloria de los hombres no la recibe. Y la gloria de los hombres es abominable a Dios. Los que han seguido el ejemplo de la religión dominadora deben de dejar las cosas en la carne y de los espíritus engañadores que proceden del enemigo de Dios.
La iglesia confía en la vida y visión espiritual en Jesucristo que está plasmada en el nuevo pacto, el amor de dos no se puede disfrutar en la carne es el Espíritu Santo el que fluye a conocer del amor de Dios, ningún sentido de la carne sirve para agradar a Dios, solo el mover del Espíritu Santo en nuestras vidas agrada a Dios, el hombre religioso hará todo lo posible por querer agradar al Padre, pero utiliza las cosas del mundo y falla en su intento, Dios es Espíritu y busca adoradores en espíritu y en verdad.
¿Por qué la gente no entiende que la idolatría es un engaño del malo que les distrae de la verdadera adoración al Supremo Dios y Creador de lo visible e invisible? Porque están cegados sus ojos y velados sus corazones. Porque no han creído que Dios es Espíritu y al ser Espíritu, SU Escencia y Ser NO PUEDE contenerse en algún artículo, persona, ser vivo o material, pues la materia en sí no posee esa capacidad. Por esta razón es que cualquier cosa hecha ídolo no tiene poder alguno ni de parte de lo Alto (Dios) ni siquiera del malo, que no tiene semejante potestad. Es cuestión de meditar por medio del Espíritu Santo para descifrar este misterio.
El malo simplemente hace creer a las multitudes que cierta persona, cierto objeto poseen poderes milagrosos. La idolatría es una fe mal encauzada, dirigida al punto opuesto a donde está Dios (Jesucristo). La verdadera fe se manifiesta cuando no necesitas ver, tocar, sentir físicamente a algo o a alguien para creer.
¿A qué compararé al idólatra y al creyente? A un inversor en finanzas. El verdaro creyente es semejante a un genuino inversor, donde pone su dinero (fe) en los específicos negocios donde sabe que a cierto tiempo le rendirá intereses favorables (asuntos espirituales de Dios) y no necesita revisar sus cuentas continuamente porque tiene la certeza que en la medida que deposite su dinero, le redituará, conforme al tiempo que tenga invertido su dinero.
Por el contrario, el idólatra es un novato inexperto que pierde todo su dinero en intentar negociar por aquí, por allá y acullá, preguntar a cada momento, tocar puertas tras puertas; poquito dinero aquí y otro poco allá. Como no tiene seguridad en lo que hace, expande al máximo sus inversiones en tantos negocios como le alcance. Con el tiempo, no le redituará y perderá su fortuna al no poder controlar todo quedándose en la ruina.
Así es la fe, establecer todo tu poder de creer en un solo negocio (creer que JESUCRISTO es el Hijo del Dios Vivo) un conocimiento que no se puede ver, tocar ni sentir físicamente, sino con el alma, corazón y cuerpo en uno. Luego, el Espíritu Santo sirve como asesor financiero gratuito, que te guía dónde seguir invirtiendo tu dinero. Al final, verás con tus ojos el significado de la riqueza espiritual de Dios, en Cristo. Resumiendo:
Dios: quien te paga los réditos e intereses de tus negocios con Él.
Jesucristo: el negocio en quien Dios quiere que inviertas todo tu poder de creer.
Espíritu Santo: el asesor financiero que te apoya en qué, cómo y cuándo invertir.
Tú: el inversor.
El diablo: quien te quiere despojar de ese dinero (fe) y dejarte pobre, en la ruina con base en promesas falsas, tiempos de espera infinitos, para que caigas en su fraude.
De modo que creer que Jesucristo es el Hijo de Dios, confesarlo y publicarlo es la forma más correcta de adorar a Dios. Amén.

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