Misericordia quiero y no sacrificio
- Cuerpo Editorial

- 21 dic 2015
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Es la proclama del Señor Jesucristo para todos aquellos hombres que se jactan ser conductores de la verdad y obedientes a la palabra de Dios durante tiempo de su primera venida. El clero judío y la facción que dominaban los fariseos no le daba crédito alguno de reconocerle como el enviado de Dios aun cuando vieron todas las señales que hacía y la palabra que enseñaba, no estaban dispuestos a recibirlo, ni a concederle siguiera alimentando espiritualmente a los que le seguían, su curiosidad pasó al odio y su presencia amenazaba su estabilidad religiosa y la preferencia con el pueblo. Jesucristo no es recibido, el hombre actualmente toma su postura de protagonismo y no le concede al Señor Jesús ninguna oportunidad para concederle algún reflector o por lo menos una mención de tanta palabrería que dicen.
Los religiosos, políticos, líderes, banqueros, hablan y hablan de muchas preocupaciones por ayudar a la humanidad y es el más puro engaño a los pueblos, haciéndoles creer que están a favor de mejorar las condiciones para una vida digna y cada vez se despegan más los ricos de los pobres, haciendo vivir a estos en las mas paupérrimas condiciones económicas y sociales y los sumergen en un mar de ignorancia e incredulidad. ¿O vez alguna diferencia en lo que se describe en los evangelios con el mundo actual?
¿En donde está la evolución de la humanidad? La preeminencia del hombre para el hombre, sigue igual y nada después de dos mil años ha cambiado. El hombre no ha sabido ayudar al hombre, porque van por el camino del egoísmo y se olvidan de la misericordia y propagan el sacrificio de millones y millones para el beneficio de muy pocos.
En el capítulo 12 de Mateo del versículo 1 al 22 describen algunos pasajes en donde se manifiesta la autoridad del Señor Jesucristo que le fue concedida por el Padre por su obediencia al mandato de Dios iniciando con la verdad que el Señor Jesús es Señor del día de reposo, lo preciado por los religiosos judaicos ya no lo será, el Señor Jesús sin impedimento inicia ya la nueva palabra que iba a correr por todo el mundo. Él es el Cordero de Dios y está por encima del templo y del día de reposo pues él va a dar su vida por todos los hombres.
El Señor Jesús hizo innumerables milagros de sanidad al pueblo judío que había caído en el desánimo total al haber seguido doctrinas humanas e hipocresías del clero judío, Jesucristo lo hacía por amor y misericordia. Hoy sentado a la diestra del Padre está presto para oír a todos aquellos que claman a su nombre para sanar cualquier dolencia, hoy la iglesia debe de acudir a él para interceder por los enfermos del mundo. Dios quiere y ama la sanidad del hombre, el Señor mismo dijo que él vino por los enfermos espirituales y les concede él la sanidad física. Esto duele a los religiosos de nuestros tiempos también, que los siervos de Jesucristo sanen en el nombre poderoso de su nombre, es un error sanar solo en el nombre de Jesús, lo correcto es decir Señor Jesús o Jesucristo.
Los milagros de sanidad, la autoridad y lo declarado de él en la palabra del libro de Isaías, no le importó al clero judío para insultarle y tratar de matarle, su corazón estaba cegado y vivían muertos por haberse creído ostentar la verdad de Dios, Jesucristo busca la secrecía, hoy en los tiempos actuales todo es a la inversa buscan en la publicidad su protagonismo para ser alabados por los hombres. Los verdaderos siervos del Señor Jesucristo lo hacen por amor y misericordia en Mateo 12:17-21 está escrito; 17 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo 18 He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre él, Y a los gentiles anunciará juicio. 19 No contenderá, ni voceará, Ni nadie oirá en las calles su voz. 20 La caña cascada no quebrará, Y el pábilo que humea no apagará, Hasta que saque a victoria el juicio. 21 Y en su nombre esperarán los gentiles.
El tiempo había llegado, la profecía en Isaías se estaba cumpliendo y el Señor Jesús en su ministerio cumplía lo profecía 500 años después y el mundo gentil se regocija del tiempo que dura hasta estos tiempos.
Antes que el Señor Jesucristo condene a todos aquellos que viendo no vieron y oyendo no oyeron. El juicio por la blasfemia contra el Espíritu Santo les será consignado y no hay escapatoria, por sus necias e insensatas palabras se hicieron acreedores de su condenación de nada les sirvió la lectura del pasaje del rebelde de Coré y sus seguidores que fueron tragados por la tierra, así esa generación se perdió por toda la eternidad.
El Señor Jesús ama a los suyos y es necesario que a través de su Espíritu, adoremos al Padre en la verdad de su palabra, enseñémonos a alabar a Dios en el Espíritu con la pureza de la palabra de Jesucristo.
Misericordia quiero y no sacrificio, tan sencillo y tan imposible de entender. El actuar con piedad, compasión y amor siempre será mejor que actuar con vileza, soberbia y vanidad. Vileza por cuanto dejan de ser humanos y se actua cruel y alevosamente; soberbia porque importa más el ego y que los vítores proclamen el nombre de quien actua asi y vanidad porque es para lo que esta gente vive: robar las alabanzas del Creador y Padre.
El sacrificio es algo que ya no se exige en el camino de Cristo, porque es algo impuesto, obligatorio. Ahora es requerido la misericordia, que es algo nacido del interior de uno mismo, la voluntad entregada a hacer algo. Decir algo. Creer algo. Por eso el judío fracasó, porque lo que empezó haciendo por temor y temblor, reverencia y respeto lo terminó haciendo por obligación y tradición, religión y convenciencia, perdiendo el sentido primario, que era reconocer a quien lo había decretado así.
Por eso las acciones y palabras futiles de los que se proclaman algo para con el Señor son sus propios jueces y así habrán de terminar su destino si no deciden corregir. En cuanto a nosotros, NO SALIRNOS de lo que está escrito, siendo mudos testigos veremos cómo su derrota y pobreza espiritual apestan al punto de no tener deseo alguno de siquiera mirarles, tan sólo rogar al Padre por ellos. Amén.

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