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Editorial 93

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 20 ene 2016
  • 2 Min. de lectura

La paz y gracia del Señor Jesucristo en vuestro espíritu

“De Egipto llamé a mi Hijo”. Estas palabras expresadas en el nuevo pacto refiriéndose a la profecía de que el Señor Jesús en su infancia fue llevado a Egipto por sus padres terrenales por indicaciones de un Ángel (mensajero celestial) y nos enseña el camino que todos tenemos que recorrer, conocer el mundo, vivirlo y salir de el cuándo nos ha llamado.


No quiere decir que al salir salgamos a ser ermitaños o ascetas recluidos en monasterios (otra mentira del enemigo de Dios) sino que nos apartamos del mundo, esto consiste en dejar de hacer muchas cosas que nos inculcaron nuestros padres, en no participar en las corrientes filosóficas y teológicas que engendra el mundo, en salir de la religión que profesábamos y dejar con medida los distractores y entretenimientos en que se desenvuelve el mundo y no salimos a un vacío, sino saltamos a una vida espiritual para vivir el evangelio de Jesucristo.


Egipto es considerado analógicamente como el mundo, de ahí que se le asocia con una pirámide, que ostenta el sistema en el cual esta instituido y formado. Una jerarquía de mando en el cual “los muchos sostendrán a los pocos” en una inequidad, sea cual fuere su sistema de gobierno que tengan las naciones del mundo, también se asocia con la figura del faraón en el cual se manifiesta la opresión y el poder humano sobre el pueblo, las religiones es lo que persiguen en su trato a sus prosélitos al conducirlos de forma seductora a una trampa hablándoles de Dios sin conocer su palabra y a esto se le agrega la Esfinge de Guiza como una estatua que finge vigilar y vivir y solo es un montón de piedra, muerta e inerte.


Expresar a Jesucristo en nuestras vidas obedece solo a una dirección: dejar de ser nosotros y dejarnos conducir por el Espíritu Santo para testimonio a los del mundo, en ocasiones vale más el ejemplo que mil palabras y es mejor vivir en tu interior la fortaleza y la sabiduría y plasmarla en tu quehacer diario o en la comunión con los santos.


La práctica del amor te lleva a crecer espiritualmente, la fe te lleva al reino del poder espiritual y la esperanza de ser como Jesucristo te lleva a la pureza espiritual, aspira a la mansedumbre e identifícate en la bienaventuranza en el cual Dios te hará vivir el propósito que hay en ti.


La iglesia es la expresión de Dios ante el mundo, somos los que le damos brillo a este mundo y sabor a esta tierra somos los hijos de Dios que habiendo estado en los deleites del mundo, en sus mentiras, en sus desvaríos, en otros tiempos, tenía que suceder así para cumplir la escritura; ahora tenemos que dejar la vida vana que llevábamos y salir al mundo a vivir el evangelio.


Los que tienen ministerio sinceramente les depara ser el espectáculo del mundo al sufrir la persecución, a los que tienen un don del Espíritu Santo a sufrir los ataques de la carne y del enemigo de Dios y a los que el Espíritu les da de su fruto a exhibirlo en el mundo para la honra y gloria del Señor Jesús. Amén.


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