Editorial 85
- Cuerpo Editorial

- 2 ene 2016
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La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu.
En cierta ocasión escuchaba en mi nacimiento espiritual a un hermano predicador tratar el asunto de la preminencia a Jesucristo, al parecer no estaba de acuerdo yo con lo que estaba oyendo y la base de su discurso consistía en el versículo “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” me parecía algo fuera de lugar, toda vez que se me hacía extraño, que en la misma escritura disponía el amar a los hermanos y amar primero a los de la casa y otros pensamientos ajustados a la biblia, que me hacían no comprender el sentido de las palabras del amado hermano que se esforzaba sobre este tema, ante la mirada y oídos incrédulos de los que lo escuchábamos.
Al paso de los años y casi habiendo olvidado esa disertación, volví a leer el versículo inicial de este tema y recordé aquella ocasión de mi duda de la preeminencia a Jesucristo, con cierta vergüenza recordé mis inicios y como dude de dichas palabras en aquella ocasión, verdaderamente: el Señor tiene grandes propósitos en el crecimiento espiritual, para los siervos de Dios y los que han decidido seguir y proclamar a Jesucristo en el mundo son estas palabras desde el inicio de su ministerio, todo queda atrás y solo el Señor Jesús es lo único valioso en su vida.
Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo sabemos que hay un gran testimonio que hacer en nuestra casa, tenemos que poner nuestros ojos en Cristo y estamos agradecidos con Dios por su infinita misericordia de habernos escogido para salvación y vida eterna.
No hay algo más valioso y útil que nuestro Señor Jesucristo en la vida de sus ovejas, él es el Señor y nuestro Salvador, amamos su venida y todo lo que es en nosotros, su sacrificio, sus promesas, sus mandamientos, su palabra, su vida, y todo lo que es en nosotros, nada está fuera de él y claramente él nos da todo, los hijos, padres, esposa y familia, reconocemos su amor por nosotros, a veces en un pensamiento del enemigo nos hace ver la importancia de los hijos, la esposa y la familia en general, que quiere distraernos, a que ese es el propósito de Dios en nuestra vida. La preeminencia es Jesucristo, ese lugar no es ocupado por nadie.
Debemos enseñar a nuestros hijos que toda la vida está en él, inclusive la misma vida de uno es para él, perdón Señor Jesús si a veces en nuestra debilidad ponemos algo o alguien en nuestra vida, tú eres y serás nuestra preminencia hasta el último momento de nuestras vidas. Amén.

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