Habiendo visto su Majestad con nuestros propios ojos
- Cuerpo Editorial

- 2 ene 2016
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n la segunda carta de Pedro (escrita a todos aquellos que alcanzamos una fe igualmente preciosa a la suya) en los versículos del 16 al 19 da testimonio de aquel día en que oyeron una voz enviada del cielo que decía: Éste es mi Hijo amado en el cual tengo complacencia. La palabra testigo significa aquel que está presente en un acto o en una acción, con o sin intención de dar testimonio de lo que ha ocurrido. Así está definido según el diccionario y así está escrito en la segunda carta de Pedro.
Pedro dejó dos cartas hermosas a los hermanos que le iban a seguir en la misma fe que fue investido, creer en Jesucristo como el Hijo de Dios. Esto no es una fábula inventada, no es producto de la imaginación o el sueño de un discípulo, este pasaje bíblico forma parte de la historia espiritual, como un pasaje digno de estar siempre en la memoria de los creyentes de Jesucristo. Es un hecho real y por lo tanto es un testimonio verídico de ver la majestad de Jesucristo al recibir de parte de Dios honra y gloria.
Fueron tres testigos de ese suceso que estuvieron en ese momento de gloria y poder y el apóstol Pedro lo comparte y es transcrito fielmente para darnos esperanza de que el Señor Jesús es el Hijo de Dios.
Estas palabras anteceden para indicarnos que es momento de esperar, como lo hicieron los discípulos para recibir el Espíritu Santo en el aposento. Así nosotros debemos de esperar en lo que se enuncia en el versículo 17: Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; debemos esperar que el Espíritu Santo obre en nosotros a fin de que lo bueno de Dios aflore en nosotros para testimonio de los que nos rodean.
El Señor Jesús recibió honra y gloria en su ministerio, así nosotros al recibir el Espíritu Santo de Dios, también recibimos una luz que ayude ver a los hombres al Señor Jesús. Esto nos da un realce del más grande amor que Dios nos ha distinguido en retener el testimonio de Jesucristo.
Durante muchos años el clero religioso y hombres amadores de sí mismos han engañado a los que desean conocer la palabra del Señor, como un asunto que solamente compete a una elite religiosa de interpretar la escritura, haciéndose pasar como autoridades religiosas, actitud reprobable por el Espíritu Santo al tratar de confundir a aquellos que se quieren acercar a Dios a través de la lectura de su palabra.
Los versículo 20 y 21 de la misma carta de Pedro dicen: 20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
El versículo 20 se debe interpretar que la escritura del nuevo pacto es espiritual y solo él y por y en el Espíritu Santo se puede interpretar la escritura. Haciendo notar que lo escrito en el nuevo pacto así como en el antiguo es traído y escrito por el Espíritu Santo.
La profecía en especial menciona el apóstol Pedro no es de voluntad humana sino fue inspirada por el Espíritu Santo, los hombres de Dios no hablan por sí mismos sino por el Espíritu Santo. Mucho más lo que los discípulos escriben que fueron testigos presenciales de los hechos ocurridos en los diferentes pasajes de la biblia, no son más que el resultado de una enseñanza real y verdadera.
Así que si se anuncia la venida del Señor Jesucristo, eso habrá de suceder en el mundo, aunque algunos lo tengan por tardanza, sucederá.
Estimado lector del nuevo pacto, lee con la confianza de que el Espíritu Santo que mora en ti te llevará a interpretar la biblia, tal cual como el Señor te lo hará a entender para que conozcas su reino. Lee la palabra de Jesucristo y el que mora en ti te hará que conozcas el verdadero sentido de lo que estás leyendo.
Ten paz y paciencia y lee el nuevo pacto, obedece a nuestro Señor y espera la revelación de su palabra, lo requerimos todos los que formamos la iglesia. Amén.




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