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Editorial 89

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 5 ene 2016
  • 2 Min. de lectura

Paz y gracia del Señor Jesucristo en vuestro espíritu


Señor Jesús:


Plasmamos en letras nuestro agradecimiento profundo por toda la escritura del nuevo pacto que describe tu palabra llena de promesas y de esperanza, cómo agradecerte tanta misericordia y amor por tu iglesia que ha confesado tu nombre como el Hijo de Dios. El que era, es y habrá de venir de nuevo a celebrar las bodas del Cordero. Y en el cual al desposarnos nos has dispensado a todos aquéllos que han testificado tu nombre bendito a los que nos llevó al Espíritu Santo a testificar, de toda esperanza y entrar al gozo tuyo.


Esperamos el advenimiento de tu segunda venida con fe y esperanza para continuar en la vida eterna que nos has prometido y en la salvación que fue determinada por tu sacrificio en la cruz a nuestro favor tan solo por el estar en constante apego y solamente a tu palabra por el Espíritu Santo.


Reconocimos la debilidad en nuestra carne, que con ella no podemos llegar a ningún lado, resistimos al mundo que ofrecía muchos caminos a la perdición y a la vida fácil del engaño y la falsa vida, soportamos la tentación que nos ofrece el enemigo de Dios para alejarnos de tu palabra. Tan solo porque nos dejamos conducir por tu Espíritu que nos ha enseñado que tu venciste al diablo, al mundo y a la carne.


Sabemos de tu gran amor por aquellos que no han negado tu nombre, por aquellos que todos los días te pedimos el favor de sostenernos en ti, la cual es la roca de salvación, no nos permitiste alejarnos de tu palabra, antes bien, leíamos y oíamos el evangelio y comprendimos el propósito de Dios, reconocimos que Dios es nuestro Padre por tu enseñanza, tenemos tu palabra en nuestra mente y corazón y nos concediste todo lo necesario para no tener necesidad con los de afuera.


Nos llevó el Espíritu a pedirte que ningún instante de nuestra vida estuviese fuera de ti, hacer tu bendita voluntad fue para nosotros un constante anhelo de nuestro corazón y dirigirnos a ti todas las mañanas para iniciar el día en tu vida y pedirte que lo que hiciéramos fuera en tu nombre, y cuando fallamos te dijimos de nuestra condición humana al cual no la podíamos negar.


Bendito Hijo de Dios gracias por todo lo que has hecho y nos has dado hasta el día de hoy, gracias porque estas con nosotros hasta el fin de los siglos y esperamos con ansia estar en tu tribunal porque ahí encontraremos nuestro galardón de vida para la eternidad contigo.


Gracias.


Y ven Señor Jesús. Amén.

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