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La sabiduría es justificada por sus hijos

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 6 feb 2016
  • 3 Min. de lectura

Transcribiré íntegramente los siguientes versículos de Mateo 11:12-19.


12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. 13 Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. 14 Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. 15 El que tiene oídos para oír, oiga. 16 Mas ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, 17 diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. 18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. 19 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.


Los primeros tres versículos sacuden la conciencia de los religiosos fariseos y los encierra para que no tengan escape a sus palabras, al declarar Jesucristo que el espíritu de Elías es Juan el Bautista, Elías no había muerto, había subido siendo arrebatado sin conocer la muerte. Los religiosos creían que Jesucristo era Elías, pues hacía muchos milagros y señales y esta palabra oída les sorprende de manera: si Juan era el Elías que había de venir, ciertamente Jesucristo es el enviado de Dios.


No había salida: o creían o no creían. La suerte de ellos dependía de ellos mismos. Los religiosos judíos nunca aceptaron el bautismo de Juan, pero temían al pueblo y no lo atacaban directamente.


Juan tenía detractores de su forma de vida, Jesucristo también tenía detractores por su forma de predicar y vivir, por única vez Jesucristo hace alusión a la vida de jóvenes en la plaza y como espectadores juzgan la acción de otros compañeros. ¿A qué jugamos? Y no hay decisión de los que oyen, porque nada les satisface, así son los religiosos de esa generación: reprobaban la conducta de Juan y la conducta de Jesús, no había manera de satisfacerlos.


Ante el pueblo ellos mismos son juzgados con sus juicios torcidos, no querían, no deseaban escuchar la palabra de Dios, estaban hinchados de sí mismos y ya no aceptaban nada que proviniese de Dios. Hoy en nuestros tiempos sucede igual: evangelizas en la libertad del Señor Jesús y no les agrada, les hablas de la verdad de Jesucristo y tampoco la aceptan, siguen la religión apegada a sus creencias humanas, tradiciones idólatras, costumbres que no tienen vida espiritual.


Hay verdad en lo que exclama el Señor Jesús al final del versículo 19 Pero la sabiduría es justificada por sus hijos. Después de todo, son los hijos de Dios los que justifican las palabras de Jesucristo con su fe, la obediencia a la palabra de Jesucristo es el fin de la enseñanza de su evangelio, cuando uno cree en Jesucristo como el Hijo de Dios se somete totalmente a su nueva vida espiritual, llega el tiempo en que solamente en él se deposita la fe, la esperanza y el amor, ya no hay más que buscar: en Cristo estamos completos y constituye la máxima voluntad del Padre.


¿Por qué la sabiduría? Porque ella es la que mantiene el conocimiento correcto de Dios y la sabiduría es la que nos lleva a tener el testimonio de Jesucristo en nosotros, así como Jesucristo lo hiciera de nuestro Padre Celestial en esta ocasión y durante todo su ministerio. Amén.




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