No te desampararé, ni te dejaré
- Cuerpo Editorial

- 20 feb 2016
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Estas palabras están escritas en la epístola a los Hebreos (en el capítulo 13) nos ha dado a conocer el Espíritu para nuestra fortaleza y confianza que es una promesa del Padre para todos aquellos que hemos creído en Jesucristo.
Antes de mencionar las palabras de nuestro tema el Espíritu Santo inicia a modo de recordar algunas acciones que podemos y debemos hacer en nuestra vida espiritual con los demás miembros de la iglesia.
La primera de ellas es que permanezcamos en el amor fraternal, esta forma de vivir es una condición espiritual que debemos brindar a todos los nacidos de nuevo, el amor fraternal constituye nuestra relación no solo social sino que mantengamos en nuestros actos de vida la esencia viva de nuestro Padre. La iglesia debe estar hermanada siempre, permanentemente siendo uno con muchos que aman la venida del Señor Jesús. El perdón forma parte del amor fraternal.
La segunda es ser hospitalarios u hospedadores, los hermanos tenemos que prodigarnos en satisfacer la visita de hermanos que transitan por la ciudad donde vivimos, sobre todo, por aquellos que cumplen un ministerio de parte del Señor Jesús, más si no están en ministerio, sino por la más diversas causas (persecución, comunión, transito para otra ciudad, falta de empleo, o lugares consternados por situaciones meteorológicas, etc.) debemos albergarlos y aun más nos recuerda que la práctica de la hospitalidad algunos albergaron ángeles.
La práctica de esta costumbre espiritual debe estar arraigada en nuestros hijos para continuar con la vida espiritual hasta la venida del Señor Jesucristo, al suscrito los que el Señor Jesús ha puesto hospedarme, grandes sucesos han tenido en sus vidas. Esta es una forma de amarnos y ser testimonio ante el mundo.
La tercera habla de presos y maltratados, quizás aquí debemos de ser muy cautos, hablamos de hermanos en Cristo que han caído victimas de engaños y persecuciones, el apóstol Pablo, Juan el Bautista y otros hermanos han sido víctimas de las injusticias del mundo, más si aún hubiere caído algún hermano en la cárcel por un error, debilidad o consumado algún delito lo debemos visitar y apoyar a su familia.
En lo que se refiere a los presos por diferentes delitos que no son del evangelio podemos ir a visitarles y hablarles de Jesucristo, si hubieren respondido a la fe tratarles como hermanos.
La cuarta habla de que el lecho matrimonial sea honroso y sin mancilla, los hermanos tenemos la guianza del Espíritu Santo que nos lleva el disfrute de la pareja, el amor eros lo puso Dios en el hombre y en la mujer, nada de avergonzarnos con falsas moralidades religiosas, el cuerpo es para disfrutarse y cada parte del cuerpo está hecho para funcionar sexualmente. Lo que evidentemente está prohibido es el adulterio y la fornicación, aunque esos temas los trataremos en siguientes blogs. Lo que sí es importante destacar es quien comete este tipo de actividades los juzgará Dios aquí en esta existencia y no podrán escapar de su disciplina.
La quinta tiene que ver con la economía de nuestras familias: la avaricia. No debemos tentar a nuestro Dios con el pensamiento de ser mezquinos y tacaños, eso es no estar confiados en nuestro Padre, tenemos que ser dadores alegres a los que en verdad lo necesiten, ser juiciosos y repartir con liberalidad, sabiendo siempre que es mejor dar que recibir.
Es más confortante dar y no esperar la dádiva o enseñarnos a estar pidiendo, si todos damos no hay necesidad en la iglesia, lo que nos demanda Dios es confiar que Él está en nosotros, debemos de estar contentos con lo que tenemos, es una sabia regla de convivir y no codiciar los bienes ajenos. No forma parte de nuestra vida espiritual el estar viendo lo que tienen otros, lo mejor como dice anteriormente a este capitulo es poner los ojos en Jesucristo. La iglesia de Jesucristo establecida en toda la tierra no puede ver otra figura que Jesucristo, en nadie más.
Para que se cumpla el título de este tema: -No te desampararé, ni te dejaré-necesario es tener fe en que él está al pendiente de nosotros, el Señor Jesucristo es nuestro Pastor y nosotros somos ovejas, él es el que nos pone en delicados pastos, tenemos que estar conformes con lo que tenemos y podamos decir en el fondo de nuestra mente y corazón: “El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”.
No hay nada que el Señor Jesús permita que nos falte, él suple nuestras necesidades en el momento justo de nuestra necesidad. Amén.

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