Editorial 100
- Cuerpo Editorial

- 5 mar 2016
- 2 Min. de lectura

Que la paz, gracia y sabiduría de Jesucristo esté en tu mente y corazón.
El Espíritu Santo del Señor irá moldeando nuestra vida a través de la palabra del Señor Jesucristo, habremos de soportar alguna disciplina por nuestro Padre y a dejarnos guiar por los dones y frutos del espíritu de Dios que están en nosotros como un bálsamo para resistir los embates del enemigo de Dios, la seducción que ofrece el mundo y las debilidades en nuestra carne.
En nuestra infancia espiritual nos hemos dejado conducir por la lectura y obediencia a la palabra del nuevo pacto, hemos dejado grandes errores doctrinales que nos apartaban de la verdadera sabiduría de Dios; oír y leer la palabra de su Hijo el Señor Jesús. De apartarnos del mundo en santidad y no en aislamiento carnal, de discernir espiritualmente de las cosas que provienen del enemigo de Dios y de sujetar a nuestra carne a una total rendición delante del Padre para que obre en nosotros y nos moldee como un alfarero para tener vida espiritual activa.
Hemos reconocido su amor hacia nosotros y hacia los que no le temen, ni obedecen, hemos menguado con su ayuda, si por nosotros fuera, estaríamos siendo iguales o peores, hemos procurado saciar nuestra hambre y sed espiritual con la palabra del Señor Jesucristo, hemos de reconocer que nuestros pensamientos nos traicionan y esperemos a confiar en su obra, hemos aprendido a confiar en él y a vivir su palabra, nos falta mucha humildad y mansedumbre, templanza y fortaleza, valor y destreza espiritual. Aun así en nuestra infancia espiritual vamos dejando todo y proseguimos al blanco: Jesucristo
Nos hemos reunido con hermanos en el nombre de Jesucristo para congregarnos y vivir el amor fraternal y enseñarnos el gran amor de nuestro Señor Jesucristo que tiene por su iglesia, para edificarnos, para soportarnos, para perdonarnos, para ayudarnos, para orar, para servir en ministerio, para compartirnos, para hacer el bien, para interceder, para cultivar nuestra fe, para ser testimonios que somos hijos de nuestro Padre por la fe en Jesucristo, para ministrar poder del Señor Jesús, para consolarnos, para vivir en esperanza de ser como el Señor Jesús.
Para soñar y visionar la iglesia, para obedecer los mandamientos de Jesucristo, para vivir la promesa de nuestra bienaventuranza, para tener paciencia con los del mundo, para expresar nuestra libertad en Cristo, para honrar al Padre en el nombre de Jesucristo, para adorar al Padre en espíritu y en verdad, para anhelar la venida del Señor Jesucristo, para darle gloria, poder, majestad, e imperio a nuestro Padre que se fijó en nosotros en la condición que estábamos y alcanzamos su misericordia. Porque confiamos en lo que está escrito, pues el que siembra para el espíritu, del espíritu segará vida eterna. Amén.

Comentarios