Extiende tu mano
- Cuerpo Editorial

- 15 abr 2016
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Marcos 3:1-6:
«Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana. Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle.»
Amados hermanos: en esta escritura podemos ver claramente cómo a veces el ser humano, en afán de seguir fielmente dogmas o creencias humanas se olvidan de lo valioso del ser humano: la capacidad de mostrar amor, vivir por fe y practicar misericordia. El Señor Jesús iba a la sinagoga no sólo como para atender un rito, sino a enviar el más actual mensaje de parte del Padre, además de los rollos de profetas que estaban ahí, a decirles que Dios era Dios aun de los que le amaran y siguieran por fe y no por actos ceremoniales. Dicho esto se preparó la obra que un hombre, de mano seca, acudió al lugar para atender al rito y Jesús, movido a misericordia y sabiendo lo que iba hacer le pidió que se pusiera al frente de los congregados. Este suceso ocurrió para testimonio del poder de Jesús y para romper todo lazo con el clero judío. Describe Marcos por medio del Espíritu a continuación que Cristo sintió enojo y tristeza por su cruel y despiadado silencio... Preferían seguir cabalmente un mandamiento corrompido en lugar de aclarar sus conciencias y decir y reconocer la verdad de su pregunta explícita. Pero dicho esto realizó el milagro de sanación para dar fe que Dios gobierna sobre el sábado, sobre cualquier mandamiento o circunstancia, y nuestro deber es ser oidores y actuar con fe, no callar. Y estos fariseos, al verse humillados por su dureza de corazón de no reconocer el valor del amor, la misericordia y la fe, prefieren tomar consejo contra Jesús por haber hecho un bien y salvar una vida en día de reposo.
Es así como los líderes religiosos actuales se mueven en el mismo tenor: desoyen la voz de Cristo y acallan enojados porque la palabra de Jesucristo rompe con sus ritos y mandamientos, dogmas y creencias y toman consejo para destruir todo indicio de Cristo en sus alrededores. Paulatinamente los que se dejan son absorbidos por sus confabulaciones y lisonjearías y pierden oportunidad de salir y ser libres, sanos, sabios y salvos por aquel Mensajero de Dios, nuestro Señor Jesucristo. Y es por eso que los que tenemos y retenemos el testimonio de su palabra, no la cambiemos jamás por alguna otra.
Cabe destacar que el hombre en cuestión, con tan solo obedecer al mandato fue restaurado, rompiendo con todo dogma de burocracia en cuanto al poder y accionar del Padre, puesto que muchos imponen requisitos por los cuales sólo Dios oiría, como si ya nuestra existencia no fuera sufrida de antemano y aparte sufrir tiempos de espera con dispensas y momentos específicos de tiempo. Por eso muchos no creen o dejan de creer por esas atrocidades, más los que las pregonan tendrán el pago por su impiedad y maldad.
En cuanto a nosotros, bástenos dejarnos guiar por el Espíritu, en la fe y amor. Paz de Cristo en sus vidas, amén.

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