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Editorial 107

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 23 abr 2016
  • 3 Min. de lectura

La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu

No hay generaciones perdidas de seres humanos, cada época es un destino que marca la humanidad en la permisibilidad que el Padre le otorga a su creación humana, Jesucristo era, es y será el parámetro de reconciliación con Dios, no hay otro camino, no hay otra forma de ser salvado o de experimentar la vida eterna. El desarrollo del mundo es una consecuencia de apartarse a la voluntad de Dios, la regla por decirlo así, es saber vivir con sabiduría el tiempo y el espacio en que desarrollamos nuestra existencia.


Somos producto de un destino marcado, de una forma de ser, es Dios el que dictaminó nuestro actuar y nuestro proceder, somos lo que somos por Él y lo ha hecho a través de una relación de circunstancias de vida que procede de nuestros ancestros; en lo físico-biológico, lo almático - personalidad y en lo espiritual- con o sin Él. Dios es bueno y nos da nuestras carencias, debilidades, iniquidades, defectos (según el mundo) y otras características humanas de derrota.


El Padre sólo ha dispuesto para estas generaciones creer que Jesucristo es su Hijo, para que vivas y lo reconozcas en tu mente y corazón y lo proclames con los labios, no en forma repetitiva sino internamente y como expresión de júbilo, para darte entrada a las riquezas inescrutables que tiene preparadas para ti. No vas a cambiar al mundo, sólo vas a dar testimonio que Dios es tu Padre y te vas a transformar en un obediente a la palabra del Señor Jesucristo, déjate conducir por el Espíritu Santo y él te proveerá de alguno(s) de sus dones: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, a otro fe por el mismo Espíritu, a otro don de sanidades; a otro el hacer milagro; a otro profecía; a otro discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas y a otro interpretación de lenguas y de su fruto te compartirá el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.


Hoy estás vivo: enfermo o sano; rico o pobre; sabio o ignorante, famoso o desconocido, estudiado o no estudiado, joven o viejo o en cualquier circunstancia de vida en que te encuentres, es la oportunidad valiosa de ser valiente y salir de la corriente del mundo y de tus pensamientos ajenos al Padre, es el momento oportuno de cambiar un rumbo que no te lleva a ningún destino con Dios. Cuesta la separación pero vale la pena dejarlo todo por Jesucristo.


La decisión de creer, es entregarlo todo al Señor Jesús y él te lo devolverá, no te despojará de nada, y ahora todo lo administrarás y lo vivirás en su espíritu y bajo su señorío.


Las generaciones de los hombres han buscado los más hermosos ideales de un mundo mejor, en el cuál la felicidad sea el mayor anhelo y deseo de la sociedad y procuran que su visión colectiva: gobiernos y pueblos en sana convivencia logren la plenitud social existencial de paz y prosperidad, pero si observamos el mundo, esta capacidad de vida apenas se puede ver en el 1% de la población y la totalidad se encuentra concentrada en naciones protestantes.


Los métodos y estrategias para cambiar el mundo, cada vez, son más violentas y menos inteligentes, Jesucristo vino a un sistema esclavista, no procuró hacer ningún cambio a la sociedad: él vino a traer el mensaje de salvación y la reconciliación con Dios y ser el puente que une a los creyentes con el Padre, él vino por las almas para llevarlas a la eternidad, este mundo va ir de mal en peor, y sólo la venida de Jesucristo para reinar por mil años, restaurará este mundo para ver culminado el propósito de nuestro Padre.

Si tú crees esto, podrás decir. Ven Señor Jesús. Amén.

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