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Editorial 108

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 30 abr 2016
  • 4 Min. de lectura

La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu


La paz del Señor Jesucristo es la salutación de la verdadera comunión de los hijos de Dios por la fe en Jesucristo, sobrepasa todo entendimiento cuando uno se guarda en el lenguaje espiritual escrito en el nuevo pacto, el “Dios te bendiga” lo utilizan hasta hombres y mujeres de dudosa cualidad y calidad humana y no viene siendo una salutación espiritual pronunciada en la escritura, más bien obedece a una costumbre mundana de invocar a un Dios extraño, sin hacer referencia al verdadero y único sabio Dios quien ha confiado a la humanidad ser nuestro Padre en este tiempo.


En verdad no se dice nada, ni se cree en nada al pronunciarla solo es una expresión de falso sentimiento y pensamiento vano, sin estructura lógica, ni sentido espiritual, son un costo vacío o dígame amable lector ¿qué le hace ver o sentir al que le dice esa expresión? ¿O qué mensaje le transmite a su interlocutor? ¿Con esa frase trillada que en apariencia lo dice todo y no comunica, ni le transmite nada? Acaso será un buen deseo, una “buena vibra” (concepto mundano e inútil), una frase motivadora; la he escuchado miles de veces y no garantiza nada, he observado al que la dice y al que la oye y ciertamente ni se toma en cuenta por casi nadie y solo es una frase de apoyo de despedida sin ningún valor espiritual.


Así podríamos enumerar ciertas costumbres y ritos tradicionalistas en la vida de las personas y realmente no es el objetivo de este blog comentar lo vano de lo inútil, estéril e innecesario de las frases religiosas acuñadas por el valor de una tradición enseñada por nuestros ancestros y aceptada, sin revisarla a la luz del evangelio de Jesucristo o de la palabra del nuevo pacto.


Pero en cambio, cuando dices: “La paz del Señor Jesús en tu vida”, “Paz de Cristo sea en ti” “La paz de Jesucristo esté en tu espirítu” es de hecho un deseo proveniente del interior de una persona a otra que la recibe, exclamada en el Espíritu. ¿Por qué? Porque la carne, el enemigo, el mundo NO pueden pronunciarla, antes bien se extrañan, la desconocen y no les es revelado. Y ésta salutación, a diferencia de su imitiación, sí tiene un sentido de ser, porque el origen de toda bendición es la paz de Cristo en tu corazón, como lo manifiesta la escritura. De ahí, ya en paz espiritual, ya podrás discernir qué necesitas pedir, lo urgente, lo necesario, lo faltante. Qué debes hacer o qué debes dar o hablar.


Es una cobertura por partida doble: el creyente que la declara a su escucha, y quien escucha, de manera afable contestar de igual forma: “Amén, paz de Cristo en tu vida también hermano(a)” y el primero sellar la contestación con otro amén, con fe. Y éste parte del mover del Espíritu, puesto que el falso “Dios te bendiga” no dice nada, éste saludo por fe en cambio cubre a dos personas en el mismo momento. ¿Cuándo en el mundo se ven dichas maneras de mostrar amor ya en el saludo? Sí, tal vez los orientales con su “namasté” (forma de saludo y despedida) pudieran verse piadosos o sinceros… Pero son palabras huecas de almas buscando una paz interior fuera de Cristo.


Cada vez somos menos los que creemos en lo que leemos, esto hace pensar y reflexionar en la cauterización de la conciencia de la mente y el corazón de los seres humanos para no discernir de lo verdadero y de lo falso, de lo invisible a lo visible, de la fe a la mentirosa creencia, del amor del espíritu al amor emocional humano, de la esperanza a la ilusión vana y engañosa.


Es tan importante dar a conocer lo que se debió haberse conocido antes, pero ni eso es importante para el Padre, Él quiere que te comuniques con Él por medio de su Hijo Jesucristo, no atiende otro tipo de intermediación porque no está escrito, ni es su voluntad que otras representaciones humanas ocupen un lugar en la relación que tengas con el Todopoderoso, sólo su Hijo Jesucristo es el único mediador entre tú y el gran Dios que creó todo lo que existe.


Ciertamente al creer que Jesucristo es el Hijo de Dios y proclamarlo te hará vivir una vida que jamás habrías imaginado; no importa cómo seas, qué hagas, con quién estés, en dónde estás, todo deja de importar; ahora, habrás comprendido el verdadero sacrificio de Jesucristo y si te mantienes hasta el final durante tu trayecto de fe en el Señor Jesús, extrañamente el mundo te olvidará, no te reconocerá, dejaste de servir en el mundo, tu existencia se diluirá, pero, un gran poder vivirá en ti, un gran Señor será tu cuidador y toda una vida de gloria invisible cubrirá tu futura soledad social.


Te integrarás a una familia verdadera, que descansa en la verdad absoluta, sustentada en la roca de salvación Jesucristo, rodeada de una esperanza de salvación en este mundo y de vida eterna para la vida posterior y en el cual ahora si comprenderás si Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros? Amén.




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