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Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 26 may 2016
  • 5 Min. de lectura

¿Qué daño causan los religiosos con las tradiciones impuestas a sus feligreses? Son capaces de desviarlos de la verdad, tan sólo para verlos obedecer sus mentiras y engaños, invalidan, esconden y obstruyen el conocimiento de la verdad. Un mundo complicado y sin sentido constituye las tradiciones y costumbres impuestas a los hombres, en lugar de seguir la sencillez de la verdad y así se desenvuelve el mundo en un abanico amplio de distracciones y entretenimientos para no ver la gloria de Dios.


Tantas cosas que se dan por un hecho y al paso de los años se van fortaleciendo y creyendo en el corazón, aunque Dios nos ha dado libertad para gozarnos en lo que queramos, cuando lo podamos celebrar, en el lugar que deseemos, no hay necesidad de enaltecer un sinnúmero de mandamientos de hombres que hacen como si Dios lo quisiese y su origen procede del malo para manejar a su antojo el alma inconstante del hombre.


En el capítulo siete de Marcos hay una muestra clara de cómo los religiosos judíos, en un afán de desobedecer a Dios imponían tradiciones a sus feligreses para tener más dominio y señorío de los hombres y alejarlos de la voluntad de Dios.


En el pasaje bíblico que se presenta en Marcos capítulo siete del 1 al 23 se describe que fariseos y escribas habían salido de Jerusalén a encontrarse a Jesús, ya que su fama se oía por todo Israel. Ellos venían en plan de conocer su sabiduría y ver los milagros que hacía y ¿por qué no pensarlo? a ver si podían reclutarlo para su sistema religioso.


Rápido hicieron una crítica sobre sus discípulos al ver que no se lavaban las manos, de inmediato se volvieron contra ellos; ya que los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. Los religiosos siempre cumplen con los parámetros de sus tradiciones, si las cumples: no hay problema, no las llevas a cabo y rápidamente te condenan, así que le preguntaron los fariseos y escribas ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas?


Y Jesús les da una respuesta directa a sorprender su hipocresía:


Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. 7 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. 8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.


Cuántas tradiciones mentirosas hay en las religiones que no se asoman ni a las cosas, ni a la voluntad de Dios y sin embargo las mantienen para dominar sobre su feligresía. Algunas de ellas abominables a nuestro Padre.


Jesús les dice sobre una costumbre que va en contra de lo dispuesto por la ley de Moisés. Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.


10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 11 Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, 12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.


Los religiosos siempre andan en apariencia como los fariseos y escribas, que condenaban a los discípulos por no lavarse las manos, para ellos era pecado, les gustaba condenar y criticar, ellos no servían a Dios sino a sus propios corazones endurecidos y sin ninguna muestra de amor. Ellos enseñan mandamientos humanos y se olvidan de las doctrinas (conocimientos de Dios).


Les puedes explicar a los religiosos de lo falso de sus tradiciones con fundamento y sustento espiritual y rápidamente vuelcan su odio hacia ti y siguen en su ignorancia, aun a pesar de que les dices de su error. No lo entenderán y seguirán creyendo en la mentira de sus tradiciones. Y eso eran los judíos de esa época, ellos estaban con la tradición y cualquier otra cosa que se le dijere no la recibían y juzgaban que estaban mal. Aun cuando Jesucristo el Hijo de Dios les refutaba su hipócrita tradición.


Con haber dicho una frase se desligaban de ayudar a sus padres y se olvidaban de asistir a los padres viejos que no podían alimentarse, tenemos que recordar que esa época era de condiciones económicas difíciles debido al abismo de las clases sociales imperantes.


La biblia dice honrar a los padres, esto es: dar testimonio social con tu conducta y tu buen proceder y así enalteces el apellido y el nombre de tus padres y te haces de dos promesas verdaderas: larga vida y te irá bien en lo que hagas, los religiosos olvidaron esas promesas y lo que preferían oír es Corbán. Esta actitud religiosa molestaba a Jesucristo y por eso habló a la multitud y dejó muy clara la postura de nuestro Padre sobre el asunto de la tradición de lavarse las manos. Oídme todos, y entended:


15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.


Para los discípulos fue más explicativo ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, 19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. Y esto es para nuestros tiempos, el Espíritu Santo nos alerta van a salir engañadores a prohibir comer alimentos, siendo una total falsedad. El Espíritu nos enseña que comamos de todo lo que se vende en la carnicería, sin preguntar por motivos de conciencia, hay algunos que inducen al vegetarismo o naturismo, en eso no consiste el reino de Dios: en comida o bebida, eso no aprovecha nada en el espíritu, ni en la carne.


Un ejemplo de ello es la prohibición de comer puerco o cerdo, era evidente que ese tiempo era para protección del pueblo judío, ya que este animal en esos tiempos no era conocido medidas sanitarias y provocaba la muerte por la triquina que aparece en animales enfermos, además que distinguía a los judíos de las demás naciones, no porque representaba un grave pecado.


Los judíos al ver las señales que hacia Jesús entre el pueblo y delante de ellos, nació la idea de matarlo, la ley prohibía y decía “no matarás” y sin embargo ellos aprovecharon toda ocasión para hacerlo, técnicamente ellos no lo mataron, pero sí influyeron grandemente en su muerte, los religiosos así son, guardan y cumplen tradiciones simples y sin importancia y no se guardan en matar, lesionar, injuriar o dar falso testimonio, en eso son expertos por su naturaleza criminal y lo hacen tomando el nombre de Dios en vano.


Jesucristo nos explica la fuente de todo mal pensamiento en el hombre, a fin de que lo entandamos y lo llevemos a efecto en nuestras vidas.


20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.


Guardemos nuestro corazón de todo mal, que viva Jesucristo en nuestro corazón y alejémonos poco a poco de las tradiciones, costumbres, y ritos de las religiones. Vivamos una vida en libertad y en la obediencia a la palabra de Jesucristo. Es la verdad. Amén.

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