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Vete, tu fe te ha salvado.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 16 jun 2016
  • 3 Min. de lectura

El pasaje que se transcribirá es uno de los más comentados en las disertaciones de los hermanos en las congregaciones, aun así se brindará una interpretación que el Espíritu nos llevó desde hace unos años. Dice:


Marcos 10:46-52 46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! 48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. 50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. 51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. 52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.


Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, representa a los que en este mundo las tinieblas los ahogan y los vuelve estáticos sin profundidad, ni destino en sus acciones, solo acompañan al tiempo en su debilidad y pobreza, se han marginado y los han desechado por este mundo. Hay ciegos que reconocen esta falta de ver y le sacan provecho con otros dones y habilidades para desarrollarlos y tener éxito en la vida. Bartimeo no tenía ninguna oportunidad más que el de la desesperanza y la inutilidad.


Bartimeo había oído que Jesús estaba cerca y comprendió que tenía oportunidad de ser escuchado, él seguramente había oído de los milagros y el poder espiritual de su palabra y puso en acción la vía de la fe, clamando ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!, la fe va acompañada de lenguaje de palabras, él no sabía que era el Hijo de Dios, había oído que era denominado hijo de David y clamaba con fuerza, no le importaba lo que dijeran los demás, no le interesaba que si molestaba con su clamor, él quería llamar la atención de Jesús de Nazaret, no le pertenecía estar callado y dejar esa oportunidad para expresarle su angustia ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Sabe que tiene poder, lo sabe íntimamente y lo expresa públicamente, él quiere volver a ver, le es imprescindible.


Jesús escucha y les dice a sus discípulos que lo traigan, estos obedecen y reconocen que la petición de este hombre, está próxima a ser resuelta.


Entre más te renuncies siendo parte de este mundo eres más reconocido por el Padre; entre más clames serás oído, entre más vivas el evangelio más poder te seguirá. Lo cierto es que él llega a Jesús y pone atención a la pregunta expresa de Jesucristo: “¿Qué quieres que te haga?” Y el ciego le dijo: “Maestro, que recobre la vista”.


Bartimeo reconoce su función de maestro, no le dice Señor, ni Salvador, le da el atributo de Maestro, porque sabe en su corazón que Jesucristo es salido de Dios, trae las buenas nuevas de un nuevo evangelio y sabe que está ante un hombre de sabiduría en sus palabras: lo cree, no lo entiende y su petición es que recobre la vista. Él había visto, sabía lo que era ver pero la había perdido por alguna razón, no fue ciego de nacimiento. Estaba lastimado por una sociedad que no comprende a los necesitados, herido por una enfermedad que le arrebató la vista y al paso de su vida necesitaba ver.

El encuentro con Jesús es de tremendos resultados. Está ante el único que le puede ayudar, se había acercado confiado, pero si no tienes fe para qué te acercas a Jesús, ¿acaso no hay siempre una petición por delante para reconocerlo como ayudador?


El amor de Jesucristo no tiene límite y le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. No le dijo –sígueme-, -haz esto- u otra cosa; solo le despidió con un –vete-. Pero el “vete” no es ser rechazado, corrido, marginado, ¡No! -Vete- es porque tiene su camino por recorrer, él sabe que perdió la vista por causa de su desviación. Hay que recobrar la visión en Cristo. Señalar los reencuentros con el Salvador en tu vida es importante. Perder la vista y recobrarla es necesario para entender la lección. Vuelve a ver la dimensión de nuestro Padre y la de su Hijo sentado a la diestra del Padre.


Él ha sido constituido el único vehículo para seguir al Padre, fuera de él no hay salvación, se encuentra registrado que recobró la vista y seguía a Jesús en el camino. Solo hay un camino que seguir: Jesucristo, no el nombre de la organización, religión o denominación o un hombre, solo Jesucristo. Amén.

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