¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
- Cuerpo Editorial

- 18 jun 2016
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Transcribo los versículos de Marcos 11:1-11 Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, 2 y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. 3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá. 4 Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. 5 Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? 6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. 7 Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. 8 También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. 9 Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: !!Hosanna! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor! 10 !!Bendito el reino de nuestro padre David que viene! !!Hosanna en las alturas! 11 Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.
En los primeros versículos de este capítulo de Marcos el Espíritu Santo nos recrea la escena de la entrada a Jerusalén del Señor y antes de ella nos relata cómo el Señor Jesucristo a través del don de ciencia se hace de un pollino para su ingreso a la ciudad de Dios. Dios es dueño de todo lo que existe, él ha preparado todos los acontecimientos de su Hijo, Dios es el ayer, el hoy y el mañana, el que hace todas las cosas, él es el eterno.
El ministerio de Jesús se encontraba en sus últimos momentos y habría que enseñar una vez más la dependencia del Padre. Aunque había un bolsa donde se juntaba el dinero y podían haber alquilado o comprado el pollino, Jesús decide tomarlo prestado, la característica del pollino es que no había sido montado por ninguno, Jesús ha preparado todo y utiliza en la ciudad del gran Rey su señorío para tomar domino de las cosas.
Los discípulos obedecieron al Señor sin duda alguna e hicieron lo que se les había ordenado: Lo trajeron al Señor Jesús y montándose sobre el pollino se dirigió a Jerusalén, donde el pueblo comenzó a regocijarse y a preparar recibimiento para él, quien traía la autoridad del Señor.
El pueblo clama y hay júbilo y gran resonancia en todo rincón de Jerusalén, los vítores y alabanzas de la población se dejaron escuchar y la exclamación de ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! se oye por toda la ciudad, esa expresión de gozo se escuchará de nuevo por el pueblo judío en la segunda venida de Jesucristo.
Tal vez no cree usted amigo lector que este pollino, quien jamás nadie lo había montado, creería que todo eso pasó por él, qué no pudo haber pasado por su cabeza, qué tanto jolgorio ha de haber sido para él, al dejarse montar por alguien y al recorrer toda la ciudad que la gente lo aclamaba. Esto constituye una lección para los hijos de Dios que asumimos en ocasiones el rol del pollino en su ingreso a Jerusalén.
Así como el pollino son algunos que se dicen ser de Cristo, aceptan cuanta alabanza o reconocimiento de sus acciones, sin saber que es el Señor Jesús el que hace la obra y es de hecho el merecedor de éstas. Creen que son ellos los merecedores de todo recogimiento, sin saber que es el Señor Jesús a quien hay que llevar toda alabanza humana vertida sobre nosotros, quienes somos un instrumento, somos los vehículos que utiliza el Señor para los demás, somos vasos, nada más para contener la obediencia a Jesucristo; es el Señor el que hace todas las cosas.
El pollino se quedó con la extrañeza, una vez que fue usado lo dejaron donde lo tomaron y jamás volvió recibir otro recibimiento igual, eso sucede con aquellos que se quieren robar la gloria del Señor, irán de mal en peor. El Señor Jesús es el digno de ser vitoreado y reconocido en la congregación y la alabanza al Padre debe de ir acompañada de la palabra del Señor Jesucristo, de su intermediación, para ser oída.
Bendito el que viene en el hombre del Señor, Jesucristo salió de Dios y vino a este mundo a obedecer al Padre, nosotros tenemos que sujetarnos a la palabra del Señor Jesús, él es el Señor, él es el representante del Señor, él es el Hijo de Dios y por eso el Padre puso en el corazón de los moradores de Jerusalén tal recibimiento. Para testimonio de su testarudez y del día de su visitación había llegado.
El judío siempre vio a los siervos de Dios, ellos no vieron la paternidad del sabio Dios, por eso se extrañaban de Jesucristo de que él se comunicaba con Dios, en una libertad que no era bien vista por el clero judío, los judíos no podían hablar con el Padre de esa forma, había demasiada intromisión de alejamiento con Dios en su vida espiritual. En cierto sentido tenían razón, pues el mandamiento para ellos consistía en no tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. Y esto influía en su comunión diaria, aun así, los verdaderos siervos de Dios y sus profetas tenían una comunión con Dios diferente al clero judío.
Lo que duele en estos tiempos es que los denominacionales y sectarios se olvidan de hablarle al Único y Sabio Dios como un Padre. Porque han dejado de obedecer la palabra de Jesucristo y se han desviado al antiguo pacto y a las cosas religiosas blasfemas de Dios, el Padre y el Señor Jesucristo son los nombres superiores en toda la creación, ningún otro nombre tiene resonancia espiritual, no son reconocidos por voluntad de Dios, por su poder, por su soberanía, nadie tiene acceso al Padre sino es por el Señor Jesucristo, si usted confiesa otro nombre blasfema a Dios.
Hosanna al Hijo de Dios, así quedó escrito para testimonio de los nuevos judíos. Hoy es el tiempo de la iglesia de Cristo, en el cual el Señor Jesucristo es su cabeza, y no tiene un representante en la tierra, sino que tiene millones de representantes que tienen el Espíritu Santo de Dios y son los millones de templos autorizados para orar y tener comunión con el Padre.
Todo aquel que haga un templo con sus manos y materiales, es un ignorante, insensato, ciego, torpe y desventurado. El templo del Espíritu Santo somos los que declaramos que Jesucristo es el Hijo de Dios.
Finaliza el relato que cuando anocheció fue a Betania con los doce, porque había visto lo que la religión judaica había hecho con las ordenanzas del Padre. Ciertamente fustigaría con celo y amor a la obediencia del Padre que primeramente confirmó que ya la religión judaica había llegado a su término y que ahora su palabra se convertiría en la única enseñanza autorizada por nuestro Padre. Se acercaba el acto final de desaprobación del clero judío. Amén.




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