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Por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 18 jun 2016
  • 3 Min. de lectura

Leamos con atención los siguientes versículos en Marcos 11:15-19 que hablan del tema que nos atañe ahora: 15 Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;16 y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. 17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 18 Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina. 19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.


Ya el pueblo judío sabía de la existencia de Jesús: había oído sus prédicas, muchos lo habían visto, otros de oídas sabían de él y muchos lo habían seguido y era reconocido en su época como un maestro por cuanto todo lo que enseñaba no era como los del clero, sino que enseñaba la palabra de verdad que venía del único sabio Dios. Jesús mismo había estado desde la misma creación, por eso tenía el conocimiento de todas las cosas, para él no había cosa que no conociera (pues después se reveló por medio del Espíritu que él es el mismo ayer, hoy y siempre) y había enseñado a sus discípulos que él conocía a Moisés y Elías, lo que los discípulos dan testimonio posterior a través de sus evangelios. El pueblo judío reconoció que la sabiduría de Jesús era de lo alto, era genuina y era verdad.


Ahora tenemos el Espíritu Santo en nosotros, pero muchos otros han abandonado la palabra de Jesucristo para desviarse al antiguo testamento, yendo en pos de la doctrina satánica y no ver la palabra del Señor Jesucristo, quien es la única que la puede derrotar.


Jesús al final de su ministerio tenía que enseñar que las religiones son malas, falsas y engañadoras, que no tienen ningún fundamento espiritual: la religión judía había de ser la primera que debía ser avergonzada por no obedecer la palabra de Dios. En nuestros tiempos todas las religiones son ofensa para Dios, el estar en ellas tiene consecuencias mortales, hay que salir de ellas, para ser salvos y tener luz para ver al Padre y a su Hijo Jesucristo.


El templo construido por el pueblo judío, conforme a la misericordia de Dios estaba viviendo sus últimos años, no debía quedar ningún vestigio de ese pueblo rebelde y adúltero, nada, esto por su empecinamiento de desobedecer a Dios y no escucharlo a través de sus profetas y de su Hijo.


El Espíritu Santo registra la visita que hizo Jesús al templo y vio en lo que habían convertido los religiosos la voluntad del Padre. Hoy en día es lo mismo: es un mercantilismo grosero, una guarida de ladrones ostentosos, dispendiosos, gastadores en sus deleites, que muchos ciegos no quieren ver lo que hacen sus autoridades religiosas.


Jesús estaba indignado de la corrupción de los seguidores de su Padre y cómo habían olvidado el papel de la ley. 17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones?. El templo de Jerusalén es un testimonio a todas las naciones, era un mandato mantener el testimonio de un comportamiento espiritual a todas las naciones.


En la actualidad, somos los hijos de Dios el testimonio de que somos del Padre por Jesucristo su Hijo. Ya no hay edificios que funjan como templos autorizados por Dios, ha sido una desobediencia el construir “templos” con las manos y de materiales físicos, la mayoría lo desconoce por no leer la palabra del nuevo testamento. La gran diferencia es que ahora somos templos del Espíritu Santo, casa de Dios porque somos columnas y baluartes de la verdad, aquellos que hemos confesado que Jesucristo es el Hijo de Dios. El Señor mora, vive y reina en nosotros, ¡que distinción tenemos! Ahora bien, el Señor Jesús siendo el Hijo de Dios, que había estado desde la eternidad y andaba como cualquier mortal sin necesidad de riquezas o plácemes mundanos, eso es lo que no se enseña en el mundo religioso y denominacional, pues quieren seguir en posesiones materiales y verse en situaciones económicas pudientes, todo eso, forma parte del enemigo de Dios, precisamente para engañarte y tenerte de su lado.


Siguió exclamado Jesús: Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Eso es pertenecer a una religión: convivir con la escoria de la delincuencia hipócrita, porque se visten de gente honesta y hacen las cosas más viles y corruptas.


¿Quiénes son los que quieren matar a los seguidores de Jesucristo, a los que proclaman la verdad, a los que andan en su camino? Los religiosos.


Hay que salir de la religión, denominación o secta en la que estás para vivir la libertad y la verdad. Amén.

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