Editorial 118
- Cuerpo Editorial

- 8 jul 2016
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La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu.
El Señor Jesús es un gran maestro al darnos lecciones de vida espiritual para el fortalecimiento en nuestro andar diario, Él deja enseñanzas que proviene del Padre y en todas constituyen promesas y estabilidad en nuestro espíritu con los demás hombres.
Un error en el mundo es buscar la paz social en la humanidad, pues este mundo está concesionado al enemigo de Dios quien busca en todos sus artificios que la palabra de Jesucristo no sea escuchada o sea desoída para que él no pueda ser vencido. Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo hemos recibido la enseñanza del espíritu de que la paz del Señor Jesucristo en nuestro espíritu, sobrepasa todo entendimiento.
Debemos de guardar la paz conocedores de que Jesucristo está en, por y con nosotros y con esto nos basta para vencer al mundo, Jesucristo es el que pelea nuestras batallas él es el león de Judá, la escritura del nuevo pacto describe a satanás que anda como león rugiente, el imita a Jesucristo, el verdadero león es el Señor Jesús, él es nuestro Pastor y no va a dejar que los lobos se entrometan en las congregaciones, generalmente los lobos son los que presiden y los que llegan a desestabilizar a las congregaciones con falsas doctrinas la mayoría encaminadas a no leer la palabra del Señor Jesucristo y fundamentarse en el antiguo testamento.
Las religiones no son autorizadas por el Padre, tienen que salir sus feligreses, éstas han inventado un camino torcido que no te lleva al Padre. La paz es el mejor elemento para meditar y reflexionar lo que está escrito en el nuevo pacto, constituye en la salutación más genuina del Espíritu Santo para la iglesia de los santos. La iglesia es precursora de la paz su deber es enseñar la paz espiritual para enriquecer la vida de los creyentes de Jesucristo.
Nuestras batallas no son físicas, son espirituales; no son visibles son invisibles; no son de fuerza, sino de poder espiritual. La paz de Jesucristo es nuestro campo de acción y aplicación con los que nos rodean. No debemos de abandonar sus límites porque perdemos si nos salimos de nuestro ambiente.
Los pacificadores humanos no llevan consigo la victoria esperada, sólo son esbozos de paz verdadera y duradera, los pacificadores en el espíritu son bienaventurados y reciben la promesa de ser llamados hijos de Dios por cuanto dan testimonio de guardar la paz de Cristo en sus actos. Los pacificadores de los que habla el Señor Jesucristo son los que constantemente son atacados o rechazados y llevan con ellos la paz en sus corazones soportando su condición con el fin de ganar Cristo con la paz que nos otorga.
Saludemos, vivamos y despidámonos en paz para testimonio que el Espíritu Santo mora en nosotros. Amén.

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