Editorial 119
- Cuerpo Editorial

- 16 jul 2016
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La paz de Jesucristo en vuestro espíritu.
El hombre ha olvidado lamentablemente que todos procedemos de un linaje de parte de Dios, pues toda la humanidad fue concepcionada a través de Adán y Eva y más tarde por Noé y la descendencia de sus tres hijos después del diluvio. De aquí surge el origen genético de todas las razas que han existido, existen y existirán en esta humanidad, negarlo o cuestionarlo es una obra de maldad que ha cegado a los hombres.
Si bien es cierto que el hombre es una imagen y semejanza a Dios, no es una realidad ni es igual a Dios, porque somos pasajeros en este mundo, somos Espíritu, alma y cuerpo y el pecado los ha hecho carne, alma y espíritu. Los nacidos en Jesucristo volvemos al estado esencial de vivir en el Espíritu y devolvernos a nuestra posición con Dios: Hijos de nuestro Padre por Jesucristo nuestro Señor. Es muy triste oír, leer, ver que el nombre del Padre no es mencionado ni el de Jesucristo, refiriéndose a ellos como Dios y Señor, como conocidos solamente y no como parte de una familia.
No ha bastado al hombre ver que durante dos mil años la historia de las encrucijadas y el dolor de un pueblo errante y vago por su ceguera y soberbia, Jesucristo los llamó adúlteros y perversos pues no quisieron atender un último llamado de enmendar su camino, que su Dios les envío a su Hijo a cristalizar una profecía para recordar su amor y misericordia a su pueblo elegido, al poseedor de la ley y su palabra. Mas no lo escucharon y siguieron en sus vanos lamentos de poseer lo terrenal. Cuánta era su maldad que aún ciudades como Tiro, Sidón, Sodoma y Gomorra alejadas de Dios estaban por encima de ciudades judías como Capernaum, Corazin y Betsaida.
Es ahora la iglesia de Cristo la poseedora de los misterios de Dios. El enemigo de Dios no descansa y ataca la fe de los creyentes: primero creando una gran bestia religiosa engañadora y luego a los mismos escogidos para volverlos al judaísmo. Es perceptible la gran tiniebla que existe en el hombre en nuestro tiempo, la gran división de opiniones sobre Dios y la incredulidad manifiesta en su Hijo Jesucristo, al cual el hombre ignorante le pone calificativos que no vino a cumplir y desvirtúan su enseñanza que tan solo consiste en manifestar un acto de fe: creer en la bondad, amor y misericordia de Dios para con todos los hombres de todas las naciones, de todos los géneros, de toda lengua, de todas las edades, de todas las ocupaciones: En creer que Jesucristo el Cordero de Dios es sacrificado para expiar los pecados de todo hombre que viva en la tierra.
El Señor menospreció su vida y se hizo maldición por cubrir las afrentas, debilidades, pecados, de los hombres ante el Padre, ese sacrificio lo hizo en obediencia al Padre y en amor por los hombres. No entienden los religiosos que esa es la verdad que pregonar y evangelizar, que es necesaria para la salvación y la vida eterna ¿Qué acaso no comprenden los que han salido de muerte a vida que es Jesucristo nuestra visión y nuestra lección? ¿Por qué judaizar y volvernos a la ley y los siervos del antiguo pacto? Vuélvete a Jesucristo en Él está la vida, en Él está la victoria, en Él está la familiaridad con Dios, en Él está la paz y el poder, en Él esta la salvación y el reino en tu mente y corazón.
Recuerda las palabras del Espíritu Santo: somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las virtudes de aquél que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Amén.

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