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Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 17 sept 2016
  • 3 Min. de lectura

LUCAS 7:1-10 Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum. 2 Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. 3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. 4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. 6 Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.


En Capernaum -la ciudad descrita en el nuevo testamento como incrédula- sucede un hecho que reviste de gran importancia para el advenimiento de los pueblos gentiles a la conversión al Señor Jesucristo (la iglesia debe profesar solamente la fe en el Señor Jesucristo). Había un siervo de un centurión que se encontraba enfermo, el centurión oyó hablar de Jesús y pone en aviso a los principales judíos a que lo invitase a ir a su casa y sanase al enfermo.


Ya estaba en marcha la fe, había oído de Jesús como sanador y resucitador y creyó a su poder y puso en obra la acción fundamental que nos concede el Señor: la fe.


Estos rápidamente hicieron la encomienda y hablaron con Jesús; nótese amigo lector que los ancianos dan algunas referencias de la actitud de dicho gentil con el pueblo judío, el Señor Jesús confirma la palabra de Jehová y va a bendecir al que ayuda al pueblo elegido de él. Ahora es la iglesia el pueblo elegido por el Padre y lo ha sacado de todas las naciones de la tierra para conformar una gran cuerpo en el cual su cabeza es Jesucristo.


Cuando se clama al Señor en el interior del ser humano sabe que es indigno por todas las cosas que se hacen, se piensa o se dicen, el centurión lo experimenta y lo exclama; pero sigue aferrado con su fe y todavía alcanza a decir una analogía de mando y autoridad necesarias para cumplir el milagro de sanidad; 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.


Las palabras del centurión hacen mella en Jesús y la escritura registra que se maravilló de él y reconviene al pueblo judío: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y el siervo sanó por la fe del centurión. Para los creyentes de Jesucristo que ponen a veces la mira en los que están al frente deberían de estar sintiendo vergüenza por este relato. Jesucristo es la preeminencia.


No podemos seguir viendo al pueblo judío como ejemplo: ellos fallaron y fueron incrédulos rechazando al Hijo de Dios y no obedeciendo la palabra de Dios, él vino a los suyos y ellos lo rechazaron, los gentiles estaban esperando la oportunidad de la relación con Dios y no la estaban dejando ir.


Debe quedar claro que es mejor solicitarle al Señor Jesús directamente convencido que la sanidad o la resurrección con fe es posible para Dios y que en él está el querer como el hacer, sólo falta el ingrediente principal de la relación: la fe. Amén.

 
 
 

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