Editorial 131
- Cuerpo Editorial

- 8 oct 2016
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La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu
Como una hoja de árbol meciéndose en el viento o como un barco en ultramar surcando el océano para llegar a su destino, así transitamos en este mundo movidos en amor y misericordia por nuestro Padre que está en los cielos, al vaivén de la palabra de Jesucristo e impulsados por el Espíritu Santo hacia un destino de tener vida eterna en la compañía del Dios misericordioso y de nuestro Señor Jesucristo, gozándonos con todas las almas que triunfaron durante la existencia en esta vida física.
Estamos en la verdad: que es la fe de la palabra de Jesucristo.
Estamos en el verdadero: en la vida del Padre.
Estamos en el reino de Dios: en el poder de los dones y fruto del Espíritu Santo.
Estamos en la iglesia de Cristo: que son todos los hermanos que se congregan en el nombre de Jesucristo.
Estamos en la victoria: obedeciendo la palabra del Señor Jesucristo.
Estamos en la libertad. Esto es la vida de Cristo en nuestras vidas.
Estamos en el camino: poniendo los ojos en Él.
Estamos en el plan de Dios: porque el Padre nos escogió a nosotros.
Estamos en el agrado de Dios: al ayudarnos mutuamente.
Estamos en la obediencia: porque seguimos los mandamientos de Jesucristo.
Estamos en la bienaventuranza: asignada desde antes de la fundación del mundo.
Estamos ante el Padre: por su vista y nuestro olor fragante.
Estamos en la luz: porque somos hijos de la luz.
Estamos en las riquezas inescrutables: por Jesucristo.
Estamos en la salvación: por la muerte del Cordero y su sangre derramada en su muerte.
Estamos en debilidad ante el mundo: más en nuestro interior abunda la fortaleza del Señor Jesús.
No somos del mundo porque tenemos el Espíritu Santo de Dios, damos testimonio como siervos de Dios que la palabra del Señor Jesucristo debe ser oída, leída, vista y sentida por el hombre de esta época.
Porque no hay cosa más maravillosa en este mundo que renunciar a todo y esperarlo todo en Jesucristo. Somos los hijos de Dios que anhelan la segunda venida del Señor Jesús. En apariencia visible no somos nada, ni nadie, pero en lo invisible el todo en todos está en nosotros. Amén.

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