¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra?
- Cuerpo Editorial

- 22 oct 2016
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La anterior parte del versículo que menciona Jesucristo finaliza así: Os digo: No, sino disensión. En el libro de Lucas 12:52-53 y 49-50 está escrito: 52 Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 53 Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
En el mismo capítulo se describen dos versículos 49 Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido? 50 De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!.
Esta palabra poco se lee en las congregaciones, quizá porque puede ofender algunos oídos sensibles y puedan no estar de acuerdo o piensan que no es correcto conocer estas palabras vertidas por el Señor Jesús, como si la opinión de los humanos valiese algo para el Señor. El Espíritu recoge esta porción escritural para enseñarnos una gran lección en nuestra vida espiritual.
Esta palabra es dicha para los judíos y para la iglesia, el Señor Jesús vino a su pueblo para predicar las buenas nuevas, la nueva verdad de Dios para sus oidores, el pueblo y clero judío escucharon la doctrina de Jesús pero no quisieron obedecer, desatendieron el llamado y asumieron las consecuencias de su desatención.
La palabra del Señor Jesús es fuego consumidor: te abraza o te llena de vida espiritual, es la voluntad del Padre que se anuncie el evangelio a través de su Hijo, quien fidedignamente lo hace por obediencia y ya no puede haber otro anuncio u otra época, el tiempo ha llegado y con ello el nuevo tiempo espiritual empieza a correr.
El plan de Dios ya está en trayecto, Jesús va a morir en la cruz y se angustia ¡pero no por su muerte! Sino por los nuevos ejemplos que sucederán en todo el mundo. Ya no será una nación que contenga la verdad de Dios, ahora van serán muchas familias, personas en todas las naciones las llamadas a guardar el testimonio y la palabra de Cristo.
Por causa de la palabra hay una desunión familiar entre los de Cristo y los que no son de Cristo. La unidad familiar depende de la cabeza de la familia, si hay suficiente fe: la familia será salva, si no la división opera y con ello la profecía.
La salvación es personal, la fe es diferente en grados, el amor se manifiesta en diferentes formas, la esperanza es distinta en promesa. La familia es un don de Dios por el testimonio que debemos de dar al mundo. El creyente adquiere una nueva familia espiritual. La carne, la sangre y el hueso familiar se desvanece por la nueva esencia divina y por un reino en los corazones de los que siguen la fe en Jesucristo.
Judíos creyentes y gentiles creyentes en Jesucristo se desligan en libertad a la vida de Jesucristo y dejan los caminos del mundo por el nuevo camino en Jesucristo, el éxodo inicia y se van en pos de Jesús, cargando la cruz del vituperio por no seguir los caminos del mundo.
Lo hemos dejado todo y solicitamos al Señor que los integre a la nueva vida, el paso está dado, y hay solo dos lados, los de Cristo y dejan todo y los que no lo siguen utilizando mil justificaciones para no hacerlo.
Así es este camino en Jesucristo, una nueva paz espiritual sobreabunda en nuestro espíritu. Amén.

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