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Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 29 oct 2016
  • 4 Min. de lectura

Estas palabras están escritas en el versículo 9 del capítulo 13 de Lucas y fueron expresadas por Jesucristo en una parábola que aludía al clero judío, aun cuando no fueras muy entendido, todos saben que la higuera hace referencia a este pueblo elegido por Dios.


Se ha explicado en este blog la importancia de leer el nuevo testamento capitulo por capitulo y versículo por versículo para no salirnos de la palabra del Señor Jesucristo que con el poder del Espíritu Santo ha registrado los episodios bíblicos más importantes que enseñan y revelan la interpretación de su palabra.

Transcribiremos esta parábola para interpretarla según el orden y conocimiento que nos otorga el Espíritu Santo.


Lucas 13:6-9 6 Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. 7 Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? 8 Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. 9 Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.


En el versículo seis aparece el sujeto, un hombre que es Dios y una higuera que se refiere al clero judío y su pueblo, plantada en su viña que es el mundo y exclama una frase que señala la condición del sistema religioso judío. Vengo a buscar fruto en ella y no lo hallo. Estas palabras las dice: Jesús de Nazaret refiriéndose que el único árbol que podría dar fruto estaba en ese y no producía ningún efecto en la viña.


El pueblo judío no fue capaz de retener las enseñanzas de sus padres que siempre invitaron a su descendencia a permanecer en fe mientras estaba en libertad y guardarse en los estatutos de Dios cuando convivieren en el mundo. El clero y el pueblo no se preocuparon por establecer un testimonio en sus vidas para distinción con todas las naciones existentes.


Sentían esa obligación de que Dios los había escogido y tenía Él la obligación de cuidarlos y protegerlos para conquistar el mundo.


En muchas ocasiones enviaba Dios a sus profetas para volverlos al camino de su palabra y ellos desatendían esos llamados, ellos no daban frutos para que el mundo comiera de la dulzura de la palabra. Si hay algo que aprender de los judíos es no hacer lo que ellos hicieron: caer en engaño por satanás que los sedujo con las riquezas y gloria de este mundo.


Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala. Los tres años de ministerio de Jesucristo no hacían mella en el arrepentimiento del clero judío, antes al contrario se rebelaban más porque no estaban dispuestos de aceptar al Hijo en la condición de humildad y servicio y de aceptar sus buenas nuevas y despojarse de todo amor a lo mundano. Por tanto el juicio estaba dado: “Córtala” ese período de gracia había acabado y ya no había qué hacer en ese lugar. La esterilidad del árbol lo hacía ya improductivo y solo quedaba sustituirlo, ahora es otro árbol que ha sido plantado: la iglesia de Cristo establecida en toda la tierra. Dios no puede tener dos testimonios: la iglesia es el único testimonio espiritual y Jesucristo es la cabeza de la iglesia, si algún judío quiere seguir sustentándose espiritualmente sólo lo podrá hacer reconociendo a Jesús como el Hijo de Dios. La iglesia será el único testimonio de la evidencia del amor de Dios hacia los hombres por medio de Jesucristo hasta que sea arrebatada, trasplantada de la tierra a su nueva y eterna heredad.


¿Para qué inutiliza también la tierra? Confirma que la religión judaica es un estorbo, ya que en las buenas nuevas que ha propagado el Espíritu Santo el camino y la verdad para llegar al Padre es el Señor Jesucristo. El pueblo judío ha dejado de ser, retomara su origen, cuando la iglesia se haya desposado con Jesucristo y entonces hasta ese momento, el pueblo judío volverá a su estado original, mientras en el transcurso del tiempo, la religión judía permanece muerta como las demás religiones del mundo ante el Padre.


El Señor Jesús es el único que podía salvarla: les comunicó la palabra del Padre, dio testimonio ante ellos, se manifestó en amor, poder y misericordia a la luz de su ministerio. Hizo lo que sólo un Hijo puede hacer en obediencia al Padre.


La falta de fe y dureza de su corazón orillaron a su destino actual: cortados para dejar a su lugar a la iglesia.


Es cierto que nadie podrá destruir a la nación israelita en este mundo. Pero es porque Dios no lo permite, por la promesa que le dio a sus siervos, no por la fe que despliegan los judíos, y esta es la lección amigos lectores: vean el amor que tiene Dios con ese pueblo aun rebelde a su palabra.


Pero también es cierto que nadie podrá destruir a la iglesia de Jesucristo, pero hasta que venga de nuevo, mayor obediencia debemos tener a nuestro Padre por el Espíritu Santo que nos ha dado para ayudarnos en este mundo y en el cual nos demanda que declaremos que Jesucristo es el Hijo de Dios que vino a salvarnos y concedernos vida eterna. Este es un nuevo tiempo ahora tenemos a un Salvador, un Pastor, un Señor una cabeza en Jesucristo que está sentado a la diestra del Padre.


Ya no veas a los judíos ellos ya han sido cortados en este tiempo, ve al Señor Jesús el autor y consumador de nuestra fe.


El que escribe pregunta ¿A qué compararé esta enseñanza? Le compararé a una obra de teatro con cinco episodios: la primera escena: Dios y Abraham; la segunda: Israel y Moisés; la tercera escena: Jesucristo y el parteaguas; la cuarta: la iglesia y su testimonio y la quinta escena: Jesucristo y su reencuentro victorioso con Israel en el fin de los tiempos. Amén.


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