top of page

El buen Pastor

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 11 nov 2016
  • 5 Min. de lectura

Transcribo íntegramente la parábola del único y buen Pastor:


Lucas 15:1-7 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. 3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: 4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? 5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. 7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.


Cuán fácil era para los religiosos fariseos y escribas juzgar al Señor, el amor y misericordia mostrados en su convivencia con el pueblo judío y la gran compasión con la que les envolvía teníendoles comprensión de su sed por escuchar palabra de Dios. Jesús sabía que el Padre le enviaría remanente de Israel para que conociese de la palabra. Los religiosos siempre criticaban y juzgaban al pueblo, tenían una vida hipócrita y superficial que creían engañar a Dios, no veían la gran egolatría que los consumía los hacía creer que no pecaban.


Jesús venía a enseñar el amor de Dios a su pueblo y el nuevo mandamiento del Padre: creer que él es el Hijo de Dios para que tuviesen vida eterna y el reino de Dios more en su corazón.


Por eso el ministerio de Jesucristo era el de recorrer las aldeas y ciudades de Israel para proclamar las buenas nuevas que el gran Dios es ahora un Padre para los judíos. Eso los ofendió, no eran lo que esperaban: ellos querían conquistar el mundo físico o terrenal, ellos querían recibir un rey majestuoso, poderoso, que los ayudara a retomar el mundo para castigar y doblegar a las demás naciones.


De ahí que no concebían la idea de que Jesús -el enviado- fuese un carpintero, uno de Nazareth, uno con algunos del vulgo, uno con doctrina extraña, uno que hablaba de cosas que jamás reconocería y en este pasaje relatado por el Espíritu Santo y conociendo el corazón de ellos les contó una parábola para que reconocieran su obra de maldad que albergaban su corazón.


Les habló donde le duele a los religiosos: de las cosas materiales y los incluye en la parábola para que se introdujeran en la nueva lección que el Padre quiere a fin de que comprendan la misión de su Hijo.


¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Ciertamente esta palabra les dice que por causa de riqueza individual son capaces de dejarlo todo, a los religiosos no les interesa el pueblo, fingen y con justicia hipócrita aparentan que están con el pueblo, mas Jesús conoce el corazón y hace esa comparación para que enfrenten esa realidad.


Continúo diciendo: 5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.


La hazaña de no perder un animal es digno de ser comentada, la de un hombre del pueblo; no les interesaría al contrario ellos lo juzgarían y lo apartarían de ellos. Esa muestra de su actitud es hasta el día de hoy: es igual, no cambia, no muda. Sólo el Señor Jesús ama, cuida y protege a los suyos.


El versículo 7 constituye una gran analogía para confrontar el nuevo ordenamiento de actuar con amor y misericordia contra la vileza de su corazón. El arrepentimiento en el pueblo judío consistía en tratar de volver a la obediencia a Dios de no querer ir a otros lados y de cambiar su conducta pecaminosa. El clero judío de esa época ya estaba carcomido hasta lo más profundo de su base, había pervertido la palabra de Dios y se llevó de encuentro al pueblo que no reparó en la bondad de su Dios y aceptó la dominación de los religiosos.


La parábola enseña un gran regocijo al encontrar a lo que se había extraviado, al que deja el camino, al que se pierde y deja el grupo. Jesucristo salió de Dios, nació en tierras judías, su misión era rescatar a su pueblo y traerlo de nuevo a Dios, no la lleva al redil sino a su casa; la carga en sus hombros, le manifiesta que es la labor que ha de desarrollar en un futuro: cargará con los pecados del mundo. Los fariseos y escribas no entendieron que esta palabra va dirigida a ellos, una oveja de Israel debe llevarse a Dios y no juzgar y condenar, como ellos estaban acostumbrados a hacerlo, la analogía de oveja es muy precisa y obedece a que hay un extravío, para Dios eso es todo, alguien se perdió, no le interesa su condición pecaminosa, ni la menciona en su parábola, la oveja sintió terror al estar sola, sin el grupo y sobre todo sin su pastor.


Está escrito para los judíos que no comas con los pecadores y no juntarse con los publicanos, Jesucristo viene para transformar esa regla en amor y misericordia y lo hace frente al clero que presumía conocer la escritura.


La iglesia puede maravillarse de esta lección de amor que ofrece su Salvador al clero judío, nosotros somos y tenemos el Espíritu de amor porque somos los hijos de Dios por la fe en Jesucristo, esta revelación nos la ha dado el Espíritu Santo. Jesucristo es nuestro buen Pastor el que da la vida por las ovejas, somos lo que oímos y seguimos su palabra, él nos cuida y nos sustenta, sabemos que nadie nos arrebatará de su pastorado, porque creemos en la promesa que lo que Dios le envió, él no perderá a nadie.


Estas palabras retumban actualmente en el clero judío y que todavía no reconoce al Hijo de Dios, ni su venida, es la diferencia abismal que tenemos la iglesia y el clero judío, los hijos de Dios espiritual y el pueblo de Dios terrenal. Jesús es nuestro Señor. A los judíos mesiánicos les duele en su carne lo que pasó con su pueblo y algo pasa al inicio cuando salimos los hijos de Dios de la religión.


Ya no hay marcha atrás agradecemos a nuestro Padre el darnos a conocer al buen Pastor: el Señor Jesucristo, de haber salido a la luz y ser sal de esta tierra. La salvación y la vida eterna ya están en nuestro interior. Amén.

Comentarios


Si tiene alguna duda, sugerencia o comentario, no dude en ponerse en contacto con nosotros al siguiente correo: lasanadoctrina2014@gmail.com

 2025 Buenas Nuevas, Mty. Mx.

bottom of page