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Auméntanos la fe.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 3 dic 2016
  • 4 Min. de lectura

Lucas 17:5-6 5 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. 6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.


Palabra dirigida a los que tienen un ministerio del Señor Jesucristo. Aquí los apóstoles ya conocían del poder de Dios pues fueron investidos de ese poder a través de un soplo de aliento del Señor Jesucristo que los envió a recorrer los caminos de Israel para expulsar demonios y a sanar enfermos. Este mismo poder se manifiesta en estos tiempos por el Espíritu Santo que mora en cada uno y sucede cuando has pasado por ciertas etapas espirituales que inicias declarando que Jesucristo es el Hijo de Dios y continuas en la marginación del mundo y empiezas a vivir en el Espíritu, en las riquezas inescrutables del Señor Jesús que te ha prometido.


El mantenerse fuera del mundo te santifica, te formas separado de las corrientes de pensamiento humano y tu vida espiritual se enriquece cada vez más al estar apegado a la obediencia de la palabra de Jesucristo que es la máxima voluntad del Padre.


La fe en el camino es para ver lo que sucederá, es la certeza que lo hecho en la fe se cumplirá, no es como la fe que se practica en el mundo que viene siendo una fe ciega que generalmente no se cumple o forma parte de una causa y efecto de rigurosos movimientos y acciones en pos de un objetivo, eso no es lo que constituye la fe que nos habla Jesucristo.


Los apóstoles ya habían creído en Jesús ya les había manifestado el Padre que Jesucristo es el Hijo de Dios, Mateo 16:16 dice: Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente, ellos ya habían iniciado y puesto su fundamento en la fe, ya habían sido declarados piedras vivas y ya tenían las llaves del reino de los cielos por haber hecho esa declaración ya estaban firmes en la roca de salvación.


Pero ahora los discípulos del Señor Jesucristo le pedían que les aumentara la fe, la fe es gradual, comienza como un grano de mostaza y con eso es suficiente y puede crecer más como si fuera un gran árbol y con esa fe se podría actuar en beneficio de muchos. Aunque en el relato en cuestión la demandan sin la sabiduría del Espíritu Santo, como si se necesitase alguna acción divina para que creciera.


Jesús les da una lección que la van a comprender cuando el Espíritu Santo descienda sobre ellos el día de su visitación. Y les dice: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.


El Padre deposita en nosotros la fe en el Señor Jesucristo a través de muchas vías, nuestra alma recibe con mucho gozo la semilla de la fe y experimentamos una gracia jamás vivida en nuestro ser, esa fe tiene que desarrollarse creyendo y obedeciendo la palabra del Señor Jesucristo y la palabra descrita por las cartas epistolares. Aquí el viejo testamento no puede con la promesa que el Señor Jesús declaró en Juan -mayores cosas habrán de hacer-. Ni el siervo de más poder del antiguo testamento ha tenido la oportunidad de los primeros discípulos que cada día demostraban su poder ante la iglesia y los extraños.


La fe tienen que desarrollarse en el amor y poder del Espíritu Santo, ya está concedida a nosotros, somos nosotros los que tenemos que hacer al crecer con la medida en que actúe poderosamente el Espíritu Santo en el interior de nosotros.


La biblia dice que no mengüemos o acortemos el Espíritu, que lo dejemos fluir en una vida apartada del mundo y apartándonos de las debilidades en la carne. La fe está en nosotros y tenemos la gracia y el permiso del Señor a utilizarlo como testimonios de que somos hijos del gran sabio Dios.


No son palabras, son hechos por consumar, el poder está al servicio de la iglesia para consolación y para utilidad y testimonio del mundo. Son dones del Espíritu Santo. Qué tristeza da oír a muchos religiosos y aun creyentes invocar al Espíritu Santo ¿acaso no les amaneció que el Espíritu Santo mora en nosotros, que está en el interior de nosotros y toda su misión lo hace en la perfecta voluntad del Padre y del Hijo?


El sicómoro es un árbol que tiene sus raíces arraigadas fuertemente a la tierra y nos impide el paso a nuestro camino. Y el mar significa el lugar de inestabilidad para crecer un árbol, mucho menos plantarlo y termina y obedecería si lo hicieran con fe.


Por esa palabra el Señor Jesús hace a los discípulos (a los verdaderos siervos en el ministerio de la iglesia) una gran diferencia con los religiosos del mundo. La fe proviene del Padre, es enseñada por el Señor Jesús, es ejecutada por el Espíritu Santo y es ejercitada por los siervos. No hay cosa imposible para Dios y la fe nos conlleva que en el mundo la fe obra para declararnos más que vencedores. Amén.


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