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Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas,

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 24 dic 2016
  • 5 Min. de lectura

En este versículo el Espíritu muestra con qué facilidad se deslumbra la humanidad en las cosas materiales, creyendo que este es una manera de agradar a Dios y de uno sentirse orgulloso, pero cuán equivocados estaban pues no significa nada para Dios, el pueblo judío debería estar orgulloso de servir y obedecer a Dios. De ahí la respuesta del Señor al decir en Lucas 21:6:


6 En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.


El pueblo judío perdió su rumbo de estar bien con Dios, se fueron sus ojos a través de lo material y se olvidaron y no respetaron su voluntad. En los tiempos antiguos Dios no quería que se le erigiera un templo. ¿Para qué? les decía: tengo la tierra sobre estrado de mis pies. ¿Para qué quiere un cuarto? ¿Qué templo por muy grande que sea puede contener a Dios? El enemigo de Dios ha engañado a los hombres con la construcción de templos en plena desobediencia a Dios, Jesucristo vino a nosotros hacernos templos de su Espíritu Santo.


Cuando accedió Dios a la construcción de un templo por parte de los judíos (el único templo autorizado por Dios en la tierra) quería que vieran al templo como un medio de su alianza con Él para dar testimonio del amor de Dios sobre su pueblo. Lamentablemente éstos lo olvidaron y pusieron sus ojos en el edificio. La profecía del Señor Jesús sobre el destino del templo no le inmutó en lo más mínimo. Ya vendría la lección con su sacrificio que ahora, ya no aceptará templos en su nombre y nos ha declarado con poder ser templos del Espíritu Santo a los que hemos creído que el Señor es el Hijo de Dios.


Jamás se imaginaron los que oyeron estas palabras que el templo iba ser destruido en su totalidad y la nación judía sería dispersa. No obedecer la voluntad de Dios, el no aceptar a Jesucristo como su Hijo le costó al pueblo judío un juicio de grandes proporciones donde sólo el amor de Dios y su misericordia le han guardado hasta los tiempos postreros.


Los que le oyeron preguntaron Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?


Transcribiremos íntegramente el siguiente texto bíblico de Lucas 21:8-24:

8 Él entonces dijo: Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Más no vayáis en pos de ellos. 9 Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente. 10 Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; 11 y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo. 12 Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. 13 Y esto os será ocasión para dar testimonio. 14 Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; 15 porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan. 16 Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros; 17 y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. 18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. 19 Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas. 20 Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. 23 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.


Los apóstoles y la iglesia afirmaban después de la muerte del Señor Jesucristo, el testimonio de la verdad y el camino con la ayuda del Espíritu Santo, esa primera generación de hermanos luchó con algunos que decían que eran Cristo aguzados por el enemigo de Dios, no habría que seguirlos y era una señal para el advenimiento de los acontecimientos que iban a suceder en Jerusalén.


En esos tiempos había levantamientos en muchos pueblos contra la opresión del sistema romano, revueltas y sediciones habrían de suceder y los primeros hermanos al igual que su segunda generación estaban alertados por el Espíritu Santo de dichos acontecimientos.


Otra señal eran fenómenos naturales destructivos que habrían de acontecer. El juicio sería para naciones paganas, la iglesia ya tenía cabida en muchas ciudades y el apóstol Pablo con otros ya habían enseñado el evangelio del Señor Jesucristo.


Había otra señal importante: la persecución a los apóstoles del Señor Jesús. Era necesario padecer para testimonio a las autoridades, en aquel entonces eran públicas las audiencias y todo el pueblo se enteraba de ellas. Había una promesa: los apóstoles al principio no podían ser tocados en su vida. Después podían matar a unos pero los que quedaban con vida levantarían más almas para testimonio de Jesucristo. La iglesia se constituía primero en una paz y luego el enemigo de Dios atacaba con furor a los seguidores de Jesucristo.


La paciencia es un fruto del Espíritu Santo. El camino en el Señor Jesús es de renunciación y de probar la profesión en Cristo y es un ejemplo para la vida terrenal. No todo se aprende en la escuela o en cursos, se aprende con la práctica diaria y su realidad. Los discípulos y primeros hermanos se integraron a la vida espiritual con el poder del Espíritu Santo y practicaron la paciencia al enseñar el testimonio de Jesucristo. Pablo iniciaba el evangelio visitando a las diferentes ciudades y escribiendo cartas a las localidades visitadas. La iglesia del Señor Jesucristo se establecía en diversos lugares para recibir a los creyentes judíos que estaban por salir de Jerusalén. Siempre el Señor Jesús cuida, sustenta y alerta por el Espíritu Santo al cuerpo de creyentes en su nombre.


La iglesia salió antes de la venida del ejército romano y hubo algunos que al ver la huida de los primeros creyentes, creyeron también y les fue recordada la palabra del Señor Jesucristo que huyeran porque la destrucción de Jerusalén era un juicio consumado.


Por si fuera poco, los judíos declararon que la maldición recayera en sus hijos y se les cumplió el deseo de su corazón: la generación de sus hijos pagó muy cara (vida, sangre y libertad) la maldición de sus padres.


Aunque al final los romanos admiraron la belleza del templo de Jerusalén inclusive pensaron en llevarse el templo a Roma para adorar a sus dioses paganos, Dios no lo iba a permitir. El asedio al templo llegó a tal grado que adentro de éste, los judíos murieron en gran cantidad y fue tanto el escurrimiento de sangre que paredes, pisos, puertas y columnas quedaron impregnadas de sangre judía, que prefirieron demolerlo y derribarlo tal como lo dijo el Señor Jesús: 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.


Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo inspirados por el Espíritu Santo registramos en nuestra mente y corazón este pasaje bíblico y ve con detenimiento el último hecho que habrá de acontecer: hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. La iglesia ora en constante suplica: ¡Ven Señor Jesús!. Amén.

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