Editorial 143
- Cuerpo Editorial

- 31 dic 2016
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La paz de Señor Jesucristo en vuestro espíritu.
Los hijos de Dios por la fe en el Señor Jesucristo transitamos en este mundo como extranjeros, no pertenecemos ni somos del mundo. Estamos por testimonio de la verdad y no podemos inmiscuirnos en muchas cosas que proceden del enemigo de Dios para distraernos y no hacer ni decir ni dirigirnos hacia nuestro propósito eterno.
La iglesia es permanentemente un remanente, no es una gran cantidad, somos pocos y muchos pocos para el aglomerado de un planeta que existen más de siete mil millones de almas que deambulan y sientan raíces en la tierra como si fueran a vivir por siempre, aun así el Padre reconoce los que habremos de ser salvos, Él más que nadie sabe los que ha puesto a vivir en la eternidad, no es de todos la salvación. Eso sí constituye una gran verdad.
En cada familia, comunidad, grupo social, ciudad, entidad federativa, país o continente Dios ha puesto un testigo fiel de Jesucristo, que de testimonio de la verdad que no se revuelque en el mundo como el cerdo que después de lavado sigue gustando de su naturaleza. Así somos los hijos de Dios creciendo constantemente por la fe y esperanza para vivir en el amor, dejando las cosas pasadas y volviéndose obediente a la palabra.
Cuántas palabras mal encauzadas de los líderes religiosos y falsos pastores y su seguidores juzgan y condenan la debilidad de los débiles; la enfermedad de los enfermos; los pecados de los pecadores; haciendo lo que no nos enseñaron hacer o decir. Un ministerio del Hijo de Dios recordado en el nuevo testamento por el Espíritu Santo, lo olvidan porque no son del Señor Jesús sino que son imitadores; guacamayas repetidoras con un mal sonido que endurecen los oídos de los que los oyen. Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo se guardan en una iglesia fortalecida de lo alto por el Espíritu Santo.
En ninguna parte del nuevo testamento nos dice que celebremos el natalicio del Señor Jesucristo. Son dos las únicas ordenanzas que nos dejó el Señor Jesús: el bautismo y la celebración de la cena del Señor Jesucristo y el Espíritu Santo confirma que el bautismo es y debe ser en el nombre de Jesucristo, pero satanás se apodera de las mentes religiosas y los induce a no seguir las instrucciones de estas ordenanzas y no conforme con eso: les hace creer que el nacimiento de Jesucristo habrá de celebrarse.
Amigo lector: los que son del mundo celebran las cosas, tradiciones y costumbres del mundo. Ha sido anunciado que esa celebración constituye un error espiritual y es una desviación a la idolatría y a continuar con el oscuro paganismo babilónico orquestado por el enemigo de Dios. Bautízate en el nombre de Jesucristo y celebra la cena del Señor Jesucristo. Son las dos ordenanzas establecidas para obedecer al Señor Jesús. Amén.




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