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Editorial 148

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 4 feb 2017
  • 3 Min. de lectura

La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu


Para los hijos de Dios por la fe en el Señor Jesucristo nos ha sido enseñado por el Espíritu que somos embajadores de Jesucristo en este mundo, puesto que nuestra ciudadanía reside en los cielos, más el hecho de que la iglesia de Jesucristo esté establecida en todo el orbe obedece a que su presencia en este mundo es para testificar que Jesucristo es el Hijo de Dios, sentado a su diestra que vendrá a juzgar al mundo y que él constituye la Verdad del verdadero y único sabio Dios.


Creer en el Señor Jesucristo nos enaltece delante de los ojos de Dios y en su bondad nos da de su Espíritu para soportar los embates del enemigo y del mundo. Una gran parte de los creyentes de Jesucristo ha sido engañada para que vean al pueblo judío como aliados en este mundo y ponen inclusive su vista en él como ejemplo a seguir.


El pueblo judío es uno de los pueblos más tercos y perversos que han existido, pues habiendo sido escogidos por Dios para que lo honrase, se dejó engañar por satanás para desobedecer, cambiar, olvidar y mantenerse alejado de su Dios. El antiguo testamento da referencia que siempre fueron rebeldes y adúlteros en seguir a su Dios y sólo una ínfima cantidad de siervos perduraron en ser fieles al testimonio de la ley mosaica.


El desprecio y la incredulidad a reconocer la venida del Hijo de Dios fue el acto más horrendo y de desprestigio delante de su Hacedor, por sí mismos marcaron el destino su religión, costumbres, y tradiciones cayeron a lo más bajo. Aun más de 2000 años no les ha bastado para comprender su error, siguen alimentando su desobediencia y rebeldía, perdiendo todo contacto con Dios por no creer en el Señor Jesucristo.


Los grupos humanos creyentes en el Señor Jesús de la era actual deben alejarse de seguir a los actuales judíos. Ellos son la generación rebelde e insensata de Dios, ellos podrán dominar el mundo pero no la vida eterna: serán juzgados a través de la ley y la ley los reprobará, por su gran interés de dominar al mundo que servir a Dios.


Levántese el cuerpo y la iglesia de Jesucristo a orar para el envío de evangelistas y apóstoles en el nombre de Jesucristo para que se difunda la sana doctrina del Señor Jesucristo. Amén.


Mensaje final: como deber social y por Jesucristo pertenecemos a una nación y debemos de obedecer y buscar los intereses nacionales como segunda prioridad, recordemos que somos carne, hueso y sangre, hechos por la sabiduría de Dios y como gente organizada debemos de escuchar lo que está en nosotros “más si osare un extraño enemigo”. Aunque nuestra lucha no es contra carne ni sangre sino contra principados y potestades malignas, y dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios, nuestro testimonio debe ser siempre la paz, la prudencia, el sentido común de no ser agresivos, pero sí declarar una voz que clama por justicia y paz. No podemos traicionar a la nación que Dios concedió naciéramos, debemos apoyar a quienes gobiernan para que ellos con el apoyo y guianza del Eterno Padre, en Jesucristo y mediante la oración les muestre qué hacer, a dónde ir y qué decir. La paz entre los pueblos es algo que por nosotros no debe quedar, que es diferente a la paz con el mundo que es lo que debemos a toda costa evitar. El que lee entienda. Amén.

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