No hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado
- Cuerpo Editorial

- 4 feb 2017
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Se transcribirá íntegramente este relato detallado por el Espíritu Santo en el nuevo pacto en el capítulo de Juan 2:13-22. Leamos amigo lector con atención:
13 Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, 14 y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. 15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; 16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mí Padre casa de mercado. 17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume. 18 Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? 19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. 20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? 21 Más él hablaba del templo de su cuerpo. 22 Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.
Jesús se acercaba al fin del ministerio y su visita a Jerusalén reunía el escenario con las últimas lecciones para su pueblo y para su futura iglesia. El clero judío, como todas las religiones habidas y las que actualmente existen creen servir a DIOS, pretenden hacer creer que comulgan y mantienen una obediencia a Dios. El Señor Jesús nos alertó de su condición y que observáramos y discerniéramos su proceder. A la luz del evangelio todas las religiones son reprobadas y sólo la iglesia de Jesucristo es la novia que espera fielmente la venida de su amado novio. Esta promesa llegará y se hará una realidad y se gozará cuando esto finalmente suceda.
La avaricia y la codicia determinan el rumbo de las religiones: las posesiones, riquezas, intercambio de mercancías y el dinero es el fruto de sus ambiciones. Por ejemplo, los judíos en tiempos del Señor Jesús ya habían metido al templo toda clase de mercancías para cumplir con la ley dejando a un lado el arrepentimiento de corazón. Los precios se habían disparado en forma injusta para que no todos tuvieran acceso a los sacrificios del templo, haciendo a un lado a la clase marginada y pobre que habían hecho para constituir la élite sacerdotal. En Juan el bautista el pueblo buscó el confort de sentir la palabra de Dios, ¡qué lejos estaban de la ley sacerdotal los pobres al escuchar a Juan el bautista! Comparaban su palabra como un justo reclamo de las condiciones llenas de división y alejamiento. Por eso el pueblo seguía a Juan el bautista, porque sentían el desprecio de la casta sacerdotal de no ver por los marginados en la pobreza en que vivían.
El Señor Jesús vió la intención del clero judaico y les hizo ver su realidad y su error: habían mercantilizado la palabra del Señor que les preocupaba más el ingreso de los sacrificios que quitar el oprobio del pueblo pecador. A las religiones actuales les convendría que les recordaran esta palabra: y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. Pero esta palabra no es para las religiones, ellos son del diablo. Esta palabra es para aquellos que son creyentes y han mercantilizado su obrar en Dios.
Los judíos le dijeron por qué hacían eso, sabían lo que estaban haciendo y querían probarlo y le pedían señales. Jesús les contesta con una respuesta por demás penetrante y misteriosa – destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Les estaba diciendo que destruyeran el templo- ellos no repararon en tal situación, demostrando que el templo no era más que una máscara para ocultar sus intenciones de rapiña y de hipocresía. La respuesta de los judíos no se hizo esperar En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?
21 Más él hablaba del templo de su cuerpo.
22 Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.
Esta es la parte fundamental de fe para ser de los hijos de Dios: en poner nuestra vista en la palabra del Señor Jesucristo y no en las cosas materiales en las que pasan la vida de las religiones. Es la gran diferencia de vivir una vida espiritual plena a vivir una vida de mentiras y engaños. Los que son para la salvación y eternidad ponen sus ojos en el el Autor y Consumador de la fe. Amén.

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