Tu hijo vive
- Cuerpo Editorial

- 19 feb 2017
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Galilea estaba al norte de Israel. Recuerden que Jesús vivió allí pero el nació en Belén, tal como lo describió la profecía. Un dato muy revelador es que Jesús no hizo muchos milagros en su tierra a causa de la incredulidad de ellos y esto se convierte en una realidad hasta ahora. Los de tu casa no creen en sus familiares que han sido tomados para salvación y vida eterna.
En el siguiente versículo del capítulo 4 lo reitera una vez más Juan:
44 Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra.
El pasaje bíblico descrito en los versículos de Juan 4:46 al 54 reviste de un gran contenido revelador para vivirlo con fe. Voy a transcribir estos versículos:
46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. 48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. 49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. 54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.
El que no tiene fe anda en su propio beneficio, el remanente estaba fuera de Israel, lo dicho cuando llegó a pentecostés los judíos y gentiles de otras naciones creyeron a la palabra dicha por Pedro.
En Judea muchos de sus vecinos, al ver los milagros y señales empezaron a buscarle más con curiosidad, sorpresa y extrañeza que con fe pues cómo éste había adquirido poderes sobrenaturales para hacer señales dignas de un servidor de Dios, las noticias llegan a Capernaum y un oficial del rey al estar enterado de las noticias y que Jesús estaba en Galilea fue a buscarle y se le acercó a pedirle que sanase a su hijo.
El Señor Jesús le recriminó al decirle que quieren ver señales o milagros parar creer. Este oficial del rey tenía fe, tenía un real interés en que Jesús le ayudase, no le interesó el comentario de Jesús: él sabía que Jesús tenía ese poder de sanar a su hijo. Y volvió a solicitarle por la sanidad de su hijo (duelen los hijos).
El Señor Jesús, al oír de nuevo la solicitud de este hombre (porque él conoce a los hombres) le dice -Ve, tu hijo vive-. Y el hombre creyó la palabra de Jesucristo y se retiró, porque él sabía que Jesús tenía el poder. Pudiendo ir al clero judío o al médico decidió en cambio buscar a Jesús pues tenía la noticia que él hacía señales cerca de su ciudad y que estaba investido de poder de lo Alto y no dudó en buscarle. No le dijo nada, sólo la petición (cuántas veces vemos que algunos trastornados quieren hacer largas oraciones, te piden convertirte a Jesucristo para orar por peticiones o sentirse imprescindibles para interceder ante el Señor) aquí él fue a buscarle y rápido externó su solicitud.
Así es como debemos enseñarle al hombre actual que le pida al Señor Jesús directamente y de corazón como este oficial del rey y el Señor Jesús le escuchará. Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo estamos inmersos en esta labor. A menudo se acercan a solicitarnos palabra de sanidad para sus enfermos vecinos, amigos, familiares, y compañeros de trabajo y hasta ahora en nuestra intercesión el Señor nos ha escuchado por misericordia y con su poder hemos visto cómo son sanados y levantados de sus lechos de muerte, aun cuando ellos le dan gloria a otras figuras.
Más siguiendo con el oficial del rey, había aprendido la fe por las malas, pero al final de cuentas aprendió y cuando llega a su casa le dicen que su hijo ya está sano. Y él pregunta a qué hora y le dijeron a las siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que aquella hora era cuando Jesús le había dicho tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. El sistema del mundo en los tiempos de Jesucristo era esclavista. Lo que hacía el patrón lo hacían los siervos, por eso por casa se refería a todo ser humano que viviese en el poder terrenal de ese oficial. Mientras los judíos no propagaban el evangelio de Dios por su codicia y avaricia al mundo, hasta ahora la iglesia testifica del señor Jesucristo como el hijo de Dios, el Salvador del mundo y lo brinda al mundo para que se goce conjuntamente de que él está esperando a todo aquel que en él cree. La obra es de nuestro Padre: sigamos pidiendo por todos aquellos que están a nuestro alrededor para que sean salvos y tengan vida eterna. Amén.

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