Editorial 153
- Cuerpo Editorial

- 11 mar 2017
- 3 Min. de lectura

Estimados lectores:
Durante mucho tiempo y en diferentes formas me han preguntado ¿por qué Dios permite la maldad en el mundo? O ¿Por qué Dios no frena diversos actos que asustan y sorprenden a la humanidad? Y así de este tipo de preguntas personales y otras a través de artículos periodísticos o de la red, no son más que el reflejo de una ineptitud e ignorancia de las personas que se hacen dichos cuestionamientos. Hay muchas más preguntas que han realizado filósofos, lógicos, teólogos, maestros que inculpan a Dios de todos los males que existen en este planeta. Y puede ser hasta cierto punto comprensible y son de esperarse estos cuestionamientos. Pero todos estos son más que ignorantes, pseudo intelectuales, necios e insensatos y de alguna manera se entiende la basura de sus mentes torcidas.
Lo que si es de notable indignación es que sigan este juego algunos que se dicen ser creyentes al tratar de justificar (en error y falta de espiritualidad) o aparecer “en defensa de Dios” y justificar los diversos actos que producen los seres humanos y que Dios no puede hacer nada para contrarrestar este tipo actos abominables a una conciencia humana.
Nos llevaría realizar tratados extensos poner en orden todas estas interrogantes de estas personas, más solamente en forma sencilla y veraz a través del evangelio del Señor Jesucristo trataremos de exponer las maravillosas revelaciones del Espíritu Santo, con el fin que los creyentes participantes de estas interrogaciones sin sentido mantengan silencio ante tanta necedad e ignorancia.
Por principio de cuentas -y es una verdad descrita en la biblia- este mundo fue concedido al enemigo de Dios y sus demonios como estancia cuando fue echado de manera permamente de la corte celestial, así que él produce todo el mal y los actos de homicidio, robo, pleitos, mentiras, engaños y demás funestas acciones para desanimar al hombre de buscar a Dios, que en este tiempo y para ayudarte ha hecho engrandecer su nombre en todo el universo para que lo reconozcas como Padre y que lo invoques para que los males no te lleguen.
En un segundo término, el hombre que no conoce a Dios busca sus propios caminos y termina hundiéndose en los deseos de su alma y complace a su carne. Y para esto mandó a Jesucristo a morir en la cruz: para que seas salvo y tengas vida eterna y para que veas el amor hacia ti, ha declarado condenar los pecados en la carne y que fueses solamente salvo por la fe en su Hijo Jesucristo.
Al tercer hecho no menos importante: el estar en este mundo gobernado por el enemigo de Dios implica que el diablo, con tal de que te pierdas en sus redes y no salgas de ellas es un fabricante excelso en distractores. ¿Cuáles son? Las religiones, las riquezas mal habidas, las filosofías huecas, la ciencia del mundo, el poder terrenal de las naciones, las artes, la búsqueda de otros planetas, la falsa ciencia aplicada a la inmortalidad y preservación de la vida y muchas más. Todas ellas son generadas para potenciar el esclavismo del hombre hacia el hombre.
El resultado de todas estas manifestaciones demoníacas son la guerra, el hambre, la pobreza, la desigualdad, la inseguridad, la mortandad, la enfermedad, la escasez, los delitos, la incompatibilidad, la esclavitud, las mentiras, las falsas esperanzas, el engaño, la idolatría, la incredulidad, la ignorancia, etc., y así podemos seguir enumerando más y más, pero él envió a su Espíritu Santo a morar en ti a comunicarte que serás más que vencedor en este mundo y la victoria sobre todas estas consecuencias al no andar conforme a Cristo, no prevalecerán sobre ti.
Ahora sí estimado lector: se queda claro de dónde proviene toda esta maldad, te queda claro que el Padre te ha provisto de lo necesario (amor, poder, fruto, dones, esperanza y fe) para salir airoso en este mundo, del ataque del enemigo y vencedor en tu carne.
Este mundo irá de mal en peor, la descomposición de la humanidad llegará a límites desgarradores y catastróficos para su convivencia sana, te lo ha advertido a través de su escritura en el nuevo testamento en un lenguaje claro y sencillo. Tan sólo te demanda creer, es necesario confiar en Jesucristo como el Hijo de Dios y así empezará toda una experiencia de vida espiritual y te darás cuenta que vives, pero la vida que te aguarda en la eternidad es un reino de estar cerca con el Padre y el Hijo. Amén.




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