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Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 8 abr 2017
  • 5 Min. de lectura

En las palabras del título de este tema Jesús les advirtió, anunció y profetizó la muerte que le esperaba a manos del pueblo judío. Los escribas y fariseos reconocían sabiduría en estas palabras y recordaban la serpiente que fue levantada en el desierto por sus padres y con ello aceptaban que su muerte anunciaba el perdón de pecados al que creyera en él. Los judíos se molestaban cuando Jesucristo decía yo soy, esas palabras los hería porque eran la descripción o era parte de Dios. Los judíos decían: heme aquí o aquí estoy.


Al decir yo soy les dice a los judíos que no se confundieran, que él no es cualquier humano, que José no es su padre, sino que su Padre es Dios, el Creador; tiene forma humana porque se tenía que cumplir que por un hombre entró al pecado y por otro debería salir. Porque así quedó establecido desde el juicio de Adán y Eva que sin sangre no hay remisión de pecados y él venía a cumplir la palabra de Dios a morir en la cruz y dar testimonio.


Esto es muy importante y digno de mencionarse: que lo judíos tenían que rechazarlo y así cerrar el ciclo judío para entrar la iglesia de Jesucristo, es muy lastimoso volver al judaísmo porque no se ha entendido el propósito del rechazo judaico.


Por eso el Señor Jesús los confrontó directamente en el templo para que nadie le dijera que no habían visto o escuchado que su visitación había sido con los pobres en Galilea, alejado del clero.


Y vuelve a reiterar en el episodio bíblico que describimos que el Padre lo envió, él no vino por sí mismo, sino en obediencia al Padre. Al mencionar -el Hijo del Hombre- muchos creyeron porque dicho término viene en Isaías y los otros no quisieron oírlo. Es por eso amigo lector que el Espíritu Santo nos revela que aunque muchos creyeron su fe estaba basada en conocimiento y no de corazón y mente como lo demanda el Señor. Y en otros versículos más adelante aun los que creían en él lo querían matar.


Hay versículos dignos de leerse para conocer la esencia de los que escuchan el evangelio, los que lo escuchan son de arriba y los que no escuchan son de abajo, son del mundo. Jesús no es una religión. Jesús es el Verbo de Dios que vino en carne para salvarnos, no hay religión que pueda contener esta verdad. La iglesia es una reunión de santos que viven la palabra de Jesucristo y lo hacen por su Espíritu. La carne es débil y pecaminosa, solamente se puede vivir el evangelio en el Espíritu o sea con las fuerzas y conocimiento de arriba.


31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.


El Señor Jesús sabe lo que hay en el corazón de los hombres, el conocía que algunos judíos sabían que las palabras dichas anteriormente, los había marcado porque estaba llena de lo que habían dicho el profeta Isaías y había que probarlos, si verdaderamente era un fe cierta o una fe efímera y por tal motivo les dijo los anteriores versículos.


Sabía que no resistirían dejar su religión y lo hace así porque si hubieran entrado a la iglesia la habrían contaminado con todo lo antiguo y su reacción no se hace esperar, molestándose que les diga que no son libres.


Roma no tenía un rey sobre el pueblo judío, gozaban cierta independencia y ni siquiera los obligaron a seguir la religión romana. Por eso le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?


Aunque Jesús se refería a ser libres del pecado a ellos no les interesan las cosas de Dios, ellos están pensando en las cosas de este mundo. Les pareció insignificante el estar libres de pecado. Por eso a las religiones les estorba esta verdad, porque no tendría la gente necesidad de ellas, la iglesia es un cuerpo visible de ayuda y de apoyo mutuo, de testimonio y de poder; no de ritos, tradiciones, dogmas falsos, idolatría, mentiras e hipocresías, blasfemias, jerarquías humanas y demás abominaciones que acostumbran operar o vivir las religiones.


La carne no va a dejar de pecar, solamente Jesucristo puede liberar y les dice estas palabras: 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.


Los judíos pudieron arrepentirse de la maldad en su corazón pero no, se aferraron a su religión y el haberle creído no pudo con todas sus dimensiones religiosas, haber oído de la propia voz del Hijo de Dios, no les importó desecharlo, a pesar de haber oído de nuevo que su doctrina provenía del Padre. Jesucristo no vino a hablar mal de Dios sino de los mandamientos humanos, tradiciones y ritos que no provenían de la escritura. El sistema judaico ya estaba torcido y ya no era testimonio de un pueblo de Dios ante el mundo y no era un camino de salvación. Su fin estaba por llegar.


El no aceptar la doctrina del Señor Jesucristo provocó que no fueran partícipes del Espíritu Santo y de tener a Dios como su Padre. Prefirieron volver a la oscuridad y a la muerte espiritual. Es difícil dejar la religión para los que no son de Jesucristo, para los que son de Jesucristo, salen y dejan todo, puesto que la disyuntiva es salir y no quedarse y cuando salgas no te vayas al judaísmo sino a la palabra de Jesucristo. Él es la Verdad. Amén.


Leamos los siguientes versículos de Juan 8:21-38:

21 Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir.

22 Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?

23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.

25 Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho.

26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.

27 Pero no entendieron que les hablaba del Padre.

28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.

29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.

30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.

31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.

36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

37 Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros.

38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.

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