Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
- Cuerpo Editorial
- 15 abr 2017
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Juan 9:13-41 13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14 Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. 17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. 18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, 19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; 21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. 22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. 24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. 25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27 Él les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? 28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. 29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. 30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. 31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. 32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. 33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. 34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron. 35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39 Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. 40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? 41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
Con la lectura de este pasaje bíblico que se encuentra en el evangelio de Juan en el capítulo 9 se espera que ya no nos sigan criticando nuestra separación con el pueblo judío en el orden espiritual que Dios nos ha demandado. Se remarca el error que han caído el protestantismo y algunas denominaciones al querer acercarse al pueblo judío aludiéndolo como un pueblo servidor de Dios y no ven que solamente un remanente era fiel y todo su clero estaba corrompido, como sucede actualmente en las religiones, sectas y denominaciones actuales. Hay dos lecciones en las que queremos hacer énfasis en los siguientes versículos y, reconociendo que hay más sin embargo eso lo haremos posteriormente en otro blog.
La primera de ellas obedece a la incredulidad de los judíos, a través de sus facciones fariseos y escribas. Ellos no aceptaban a Jesús como Hijo de Dios o venido de Dios. No hacían caso a las señales, a su autoridad, al dominio de los temas de Dios y a las nuevas enseñanzas. Con esto demostraban los judíos que no les interesa Dios sino la religión como mecanismo de dominio, superioridad y poder.
Ellos no soportaban las grandes obras que hacía en el pueblo y trataban de hacerlo caer para tener la oportunidad de juzgarlo y por ende castigarlo. En este pasaje bíblico hablaron con los padres del ciego, con el ciego de nuevo y al no encontrar evidencia, fueron cuestionados por el ciego en el versículo 27: Él les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y sintiéndose ofendidos por el ciego después de insultarlo lo expulsaron de la sinagoga.
Los judíos replicaron: nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea.
Moisés fue un siervo de Dios, obedeció al Señor y procuró que el pueblo judío viese al Señor. Los judíos después de esa generación se fueron perdiendo y ahora la generación en la que le correspondió recibir la visita de Jesucristo, no reconoció el tiempo de la visitación de su Salvador.
Incluso en los tiempos de Moisés, éste se enfrentó con un pueblo idólatra e incrédulo que se atrevieron a desafiarlo, lo que quiere decir que el pueblo judío no es un pueblo digno de imitar, por su testarudez y desobediencia al Señor. La lección que nos da toda esa historia es cómo el Padre es misericordioso y amoroso para con ese pueblo.
Siendo reprobados por el Señor Jesús los judíos alegan ser de Moisés, en la actualidad siguen renegando como pueblo y como religión al Señor Jesús y se cumple lo que está dicho: los últimos serán llamados primeros y los primeros serán últimos.
La segunda lección constituye el diálogo entre Jesús y el ciego. Abiertamente el Señor Jesús le dice: ¿crees en el Hijo de Dios? ¿Por qué lo hace con el ciego y con los demás sanados se encubría o sencillamente no lo refería? Es muy fácil ésta contestación y obedece a que el ciego ya veía y solo faltaba el testimonio final. Este pasaje dio margen a que muchos hermanos se les diese la oportunidad de evangelizar con la exclamación de “Jesucristo es el Hijo de Dios” como lo ha hecho este blog. Vamos a disfrutar de nuevo este pasaje bíblico:
35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? El ciego ya estaba fuera de la religión judaica, por el testimonio que dio de haber sido sanado por Jesús. Ése fue el motivo, no fue por pecador, ni por no observar las reglas judaicas o por otra causa sino por la declaración que Jesús le devolvió la vista. Ponte hablar de Jesucristo en una religión o una denominación y te expulsarán, ese será tu parámetro para discernir en dónde estas parado delante de Dios.
Y la pregunta fue directa ¿crees tú en el Hijo de Dios?
36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?
El no vio quién lo había sanado porque él era ciego y él se fue a lavar al estanque y cuando regresó, Jesús ya se había ido. Luego fue hallado por Jesús, por eso exclama ¿quién es Señor para creer? Y Jesús le dice:
37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.
Aunque Jesús pudo haber dicho “yo soy”, prefiere guardar esa potestad de anunciar el “yo soy” para otro momento espiritual, los judíos estaban a su alredeor y eso los ofendería todavía más. Sólo bastó decir: “el que has visto y el que habla contigo, él es”. El -yo soy el que soy- revelado a Moisés para ir a libertar se cumple en Jesús al liberar la vista del ciego.
38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.
Al creer que Jesucristo es el Hijo de Dios ya lo adoras, es una adoración esa exclamación, es la plenitud del conocimiento para entrar en los planes del Padre.
Los siguientes versículos constituyen otra lección de juicio.
39 Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.
40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?
41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
Y ahí cayó el juicio en ese momento cumbre. El Señor Jesús cerró el telón, selló la puerta permanentemente a todo religioso que pretendiese entrar a su reino, a su fe, a su mensaje de parte de Dios. Porque al decir “¿acaso nosotros también somos ciegos?” decretaron que aún sabiendo a qué se refería el Señor Jesús despreciaron su mensaje y su milagro, arrancándose voluntariamente los ojos espirituales para no ver más al Señor como el Enviado, sino como un problema a exterminar, pues ellos no podrían aceptar la disyuntiva de reconocer que en efecto eran ciegos y que necesitaban de Jesús o negar todo autonombrándose “discípulos de Moisés”. Diciendo “vemos” hicieron su elección en menos de un minuto y sellaron su destino y el de su pueblo, como el de su religión corrupta.
Bendito sea el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo y así adoramos. Amén.
