Editorial 160
- Cuerpo Editorial

- 29 abr 2017
- 3 Min. de lectura

La paz de Jesucristo en vuestro espíritu
Hace tiempo está en boca el verbo procanistar en el cual su significado es dejar de hacer cosas importantes y necesarias por otras de menor interés y urgentes. Y entonces el hombre deja de hacer y de ser en algunos casos, cosas que verdaderamente requieren que se lleven a efecto para cubrir cualquier contingencia que lo lleve a menoscabar alguna situación personal en su economía, salud, familia, profesión etc.
Eso mismo sucede en la comunión íntima con nuestro Padre por medio de Jesucristo, la religión no tan solo ha mal enseñado a dar culto a Dios y a Jesucristo a través de imágenes, figuras, pinturas, fotografías sino que también han enseñado a otras formas de idolatrar, haciendo esta práctica abominable a Dios por no seguir las enseñanzas de su palabra. Los religiosos se escudan que en el templo de Jerusalén había imágenes de querubines y algunas otras figuras que Dios les impuso al pueblo judío que se esculpieran en el templo hecho por Salomón y en el cual estaría el arca de la alianza, haciendo una gran distinción con los templos paganos de otras religiones que procedían de satanás. Pero no dicen que el pueblo judío haya concebido la idea de hacer alguna figura fuera del mandato de Dios. Jesucristo vino a echar fuera toda forma física de adorar y solo enseñó a hacerlo espiritualmente, sin ninguna intervención de objetos o figuras para evitar el estorbo que produce la idolatría constituyendo la práctica habitual y sin sentido que se profesa.
Esto constituye un nuevo argumento de los parámetros espirituales para ver de dónde procede lo que no es conforme a la escritura del nuevo pacto. El Señor Jesús por ningún motivo autoriza dentro de sus enseñanzas algún objeto para tener comunión con el Padre, y establece por el Espíritu Santo que el único mediador entre el Padre y el hombre es Jesucristo, o sea, el Padre no reconoce oración si no va acompañada de Jesucristo quien es nuestro intercesor, sin Jesucristo estarás hablando al aire y solamente para ti. Y no tiene valor esa oración a Dios, totalmente vacía e innecesaria. Tu puedes cerrar los ojos o tenerlos abiertos viendo al techo, el cielo, el paisaje o cualquier otra percepción visual e invocar el nombre del Padre a través de su Hijo o solamente pronunciar el nombre del Señor Jesús y exclamar la solicitud, petición, agradecimiento, perdón etc. Se tiene que dejar esa errónea forma de ver objetos materiales exprofeso para alimentar la idolatría, lo puedes hacer en todo lugar y en todo momento, cuantas veces te lleve el Espíritu a comunicarte con Él. Qué sencilla es nuestra comunión con el Padre y con nuestro Señor.
¡Qué agradable forma de mantener un conocimiento valioso de parte del Señor ¿no lo cree amigo lector? Tire toda basura idolátrica que le han introducido en una forma innecesaria y engañosa, el que escribe este editorial repartía idolatría a diestra y siniestra y llegado el momento y el conocimiento tiré todo aquello que había creído que me acercaba a Dios. Descolgué de las paredes las figuras, destruí las joyas que esculpían rostros de apariencia divina y fueron a su verdadero lugar, alcancé a reunir una gran cantidad de objetos y terminé por deshacerse en un día algo que me había llevado años juntarlos. Ahora mi comunión es con Dios a través de Jesucristo y pasé de muerte a vida.
Si eso haces, en su nombre habrás entrado a hacer lo necesario, lo importante y lo urgente y dejarás lo inútil, vacío, mentiroso y blasfemo. Jesucristo es el Hijo de Dios. Amén.




Comentarios