No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
- Cuerpo Editorial

- 13 may 2017
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El anuncio de esta negación como algo a suceder en el futuro define el don de ciencia del Espíritu Santo, Jesús ya sabía lo que iba a acontecer. Ahora en nuestros tiempos el Espíritu Santo otorga a ciertos hermanos este don necesario e importante para la iglesia, procuren hermanos estar sosiegos en la palabra de Jesucristo y cuando fuere necesario aplicarlo y ponerlo a funcionar.
Jesus conocía a Pedro (llamado Simón) desde antes de la fundación del mundo, en el inicio de su ministerio él lo busca y lo profetiza como pescador de hombres a pesar de ser impulsivo y hasta cierto punto ignorante, pero conocía el corazón de Pedro y sabía del gran amor que iba a sentir por él.
El temperamento y carácter de Pedro tenían que ser sacudidos para que comprendiese que sólo por el Espíritu Santo es que podemos enfrentarnos a nuestra carne, al mundo y al enemigo de Dios y salir airosos de la prueba, del propósito de nuestra vida o de la disciplina.
En otro pasaje bíblico le había dicho “satanás” por tratar de impedir el sacrificio en la cruz. En la vida espiritual no hay cabida para sentimentalismos, emociones o espíritus humanos sino que es a través de la manifestación divina del Espíritu de Dios que nos guía hacer la voluntad del Padre.
Pedro se arrebataba más que los otros discípulos, era pronto de hablar y fácil se enredaba con sus palabras, como en aquél pasaje bíblico en donde se compromete a pagar impuestos al templo y el Señor lo saca del problema. Desde un inicio Pedro estaba destinado para apacentar a los corderos (discípulos) y recibir unidos al Espíritu Santo. Sin duda una misión extremadamente difícil y que la sorteó por el consejo de prevalecer en el amor en una de las últimas manifestaciones públicas al preguntarle Jesús si lo amaba.
La religión mentirosa le ha dado un lugar extraño, ajeno a la voluntad de Dios y en plena rebeldía al interpretar que Pedro es la roca de salvación y el primer sucesor de Jesucristo, siendo que es una piedra al igual que todos nosotros los que hemos creido en el Hijo de Dios, hablando en sentido figurado de establecer una edificación espiritual del templo para Dios y dar a pie a la mayor blasfemia de los hombres al constituir una estirpe de burdos mentirosos de “sucesores de Jesucristo”.
Lo relacionado en los siguientes tres versículos del capítulo 13 que transcribimos literalmente, surge en la noche que Pedro quiere que le lave la cabeza y todo el cuerpo. Enseña Jesús que su sacrificio en la cruz estaríamos completos y lavados de todo pecado, pero que era necesario estar al servicio de los hermanos.
Juan 13:36-38 36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. 37 Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. 38 Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
En el versículo 36 otra vez Jesús profetiza que Pedro habrá de padecer por su nombre en un futuro al contestarle que a donde iría no podría seguirlo de momento (porque el sacrificio y derramamiento de su sangre en la cruz tendrá que cumplirse primero para salvación de todos los que creemos). Pedro, en su impetuoso hablar, inquiere nuevamente y declara que su vida daría por él.
Entre Pedro el discípulo y Pedro el apóstol hay una gran diferencia y radica en el Espíritu Santo. Pedro el discípulo tuvo una cercanía con el Hijo de Dios, escuchó la doctrina del Padre a través de los labios de su Maestro y vio los milagros realizados por él, aun cuando recibió el Espíritu del Señor para ir a cumplir la misión encomendada de expulsar demonios, sanar los enfermos, predicar la palabra, su Espíritu estuvo limitado a las órdenes vertidas por Jesús. Jesús estaba con ellos y le era necesario partir para que viniese el Consolador y fuese recibido por sus discípulos para iniciar con ello el plan de restauración del hombre para con Dios. El plan de salvación ya estaba en operación durante el ministerio y ya habían experimentado la salvación. Ahora venía el tiempo de la consagración y el testimonio. Así pues su sacrificio era inútil.
Nadie más podía ser parte del sacrificio del Cordero de Dios. Jesús la vida ofrendó y él pagó por todos los pecados de los hombres de todos los tiempos y se cumplió conforme al propósito del Padre. Pedro no lo sabía, no lo había digerido y no se le había revelado. Ahí la determinación de Jesús de parar en seco al discípulo osado, para evitar cometiese un pecado de hablar de más y ser prendido en sus propias palabras y mostrarle que ahora son las armas espirituales mencionándole lo que iba a suceder: “de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces”.
Esto vino a ser una descarga de impotencia para los discípulos que muy apenas pudieron contener el desencanto de ver que en sus fuerzas no podían ofrecer nada al Señor Jesús. Pero aun así Pedro, al contrario de la tristeza del traidor Judas, esperó y confió en la bondad de su Maestro.
Y cumpliría al mantener juntos a los discípulos hasta la aparición del Espíritu Santo y posteriormente al tirar la red sobre el pueblo en su discurso en el templo e iniciando con ello la vida de la iglesia de Cristo el Salvador al enseñar que Jesucristo es el Hijo de Dios, cumpliendo la profecía vertida sobre él “serás pescador de hombres”, Amén.

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