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Permaneced en mí, y yo en vosotros.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 20 may 2017
  • 6 Min. de lectura

Estas palabras las dijo el Señor Jesús a sus discípulos como un ordenamiento esencial para tener una íntima comunión con él y estar siempre unidos con el Autor de la vida. Es de suma importancia atender esta indicación porque la promesa es valedera para ser un miembro del cuerpo de Jesucristo. Voy a transcribir los primeros diez versículos del capítulo 15 de Juan para degustar estas lecciones y conocer el propósito de Dios en la vida de Cristo en forma personal.


1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. 6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. 8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. 9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.


En blogs anteriores ya hemos discernido lo que representa la higuera: al pueblo judío y su ley. La vid por su parte representa al Señor Jesucristo y el labrador quien es el Padre el único sabio Dios Creador de los cielos y de la tierra, todo procede del Padre. Es un error y un engaño tratar de voltear a la religión y a la ley judaica, Jesucristo es el Hijo de Dios, salido de Dios y quien vino a enseñar lo que Dios quiere para el hombre de estos tiempos. Es inútil dar coces contra el aguijón. Es el evangelio de Jesucristo la buena nueva del Padre a los hombres. Jesús dejó todo por venir a cumplir la voluntad de Dios y así lo expresa en este pasaje bíblico.


En el versículo 2 y con su analogía advierte al decir que todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará. (El diccionario de la real academia de la lengua española es sarmiento verde, tierno y delgado, o pimpollo de la vid). Aquí cabe hacer una expresión notoria que el pámpano debe de tener la esencia de Jesucristo, no de religión, ley o cualquier otra cosa. Debe ser puro e íntegro en Cristo de lo contrario lo quitará y esto se traduce que lo echa fuera del cuerpo y luego consuela: y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. En Cristo el pámpano (o sea los hijos de Dios), al estar fundamentado en la palabra y aceptarla en fe, el Espíritu que mora en nosotros nos limpiará y nos hará perfectos, no cómo lo quieren hacer ver los errados de hacer prosélitos, sino llevando fruto en forma personal pero esto tiene que suceder estando apalancados o cimentados en la palabra de Jesucristo.


El versículo 3 se explica que quita toda inmundicia asechadora y acusadora, el oír la palabra de Jesucristo, (no del hombre religioso o denominacional) nos limpia al tomar la palabra como refrigerio. En este punto es importante aclarar que toma promesa hasta nuestros días, leer la palabra de Jesucristo y lo escrito en el nuevo testamento nos limpiará de toda contaminación doctrinal que prevalece en el mundo

Un ordenamiento es necesario para mantenerse en la utilidad de una organización y el versículo 4 declara Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.


Debemos de estar sujetos a Jesucristo, obedecer y atender su palabra, no es la lectura del antiguo testamento en donde debemos de poner nuestra vista: es en Jesucristo, él es nuestro Libertador, nuestro Salvador, él es nuestro Señor y no hay ningún indicio que nos aliente a leer la escritura del antiguo pacto. Él es la palabra, él es la vid y nosotros somos pámpanos (el fruto de esa planta). El error de muchos creyentes es que el fruto lo consideran como hombres que han sido atraídos para escucharles o mejor dicho, número de gente que se congrega. Esto es un error, fruto es el desenvolvimiento de tu vida espiritual en la aplicación de la palabra de Jesucristo, tú vas a desarrollarte en Jesús a una vida plena si te dejas conducir por el Espíritu Santo que mora en ti.


En el versículo 5 Jesús exclama: Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Es una necesidad estar en él, es increíble que los creyentes se dirgen al antiguo testamento arrancar conocimiento de Dios y desechan al Hijo en el cual está escrito en Colosenses que en él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría de Dios. No pierdas el tiempo en la lectura del antiguo testamento, en Jesucristo está la máxima expresión de obediencia a Dios.


Deja todo y vuélvete a Jesucristo, empieza de nuevo y susténtate y fundaméntante en su palabra. Has sido investido del Espíritu Santo de Dios, éste te llevará a la palabra de Jesucristo. Si tú lees el antiguo testamento, ciertamente el enemigo te conduce a esas enseñanzas estériles y sin poder. Y se cumplirá lo que se encuentra en el versículo 6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Tu entiendes el idioma español, no tienes oportunidad de maniobra o estás con Jesucristo o no lo estás, así de sencillo es el evangelio y su palabra.

Aplica y vive esta palabra dicha por nuestro Maestro y Obispo de nuestras almas 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. ¡Qué promesa y todo por creer, leer y vivir el evangelio del Señor Jesucristo! Él es el que te da la victoria: no por leer Éxodo, Proverbios o Salmos del antiguo testamento y demás libros, es la palabra de Jesucristo a través del Espíritu Santo el que te da acceso a ese poder lleno de amor y fe.


El versículo 8 es un resultado de permanecer en obediencia a su palabra y tratar de ser fieles en el servicio a Jesucristo, aun cuando el término discípulo se describe en los evangelios. En la vida operativa de la iglesia (Hechos de los apóstoles) se convierte en los diferentes ministerios y servicios para su iglesia, recordando que el fruto es una extensión del Espíritu Santo en la vida de los creyentes como está escrito en Gálatas 5:22-23 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.


8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Es el amor de Dios lo que nos da fuerza y vida lo explica Jesús en el versículo 9 es nuestro testimonio, nuestro parámetro, nuestro fin del cuál es el mayor logro de vida espiritual como lo sigue diciendo: 9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.

Y terminamos con el versículo 10 en el cual habla de nuevo de sus mandamientos a sus discípulos. Amigo lector ¿qué caso tendría enviar a su Hijo a padecer por una ley arcaica que fue imposible cumplirla?

¿Qué utilidad tendría el sacrificio de su Hijo?

Era menester enviar a su Hijo para después enviar al Consolador y hacernos vivir su voluntad por el Espíritu Santo. El príncipe de este mundo, la contaminación de la carne han hecho estragos en la vida del hombre.

Nos tenía que salvar por medio de un sacrificio y con el envío del Consolador acordarnos de todas sus promesas y hacer frente a su enemigo. Algunos confundirán que Jesucristo vino a obedecer los mandamientos de la ley judaica y ciertamente los vino a cumplir pero los mandamientos que guardó de nuestro Padre son aquellos que le dio para que fuéramos sabios y poderosos en nuestra salvación. Y sus mandamientos no son difíciles de llevar porque ahora tenemos el Espíritu Santo de Dios, deleitémonos una vez más con la lectura del versículo 10 de Juan 15: 10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.


El amor del Padre y del Hijo esté en vosotros. Amén.

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