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Editorial 165

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 3 jun 2017
  • 3 Min. de lectura

La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu


La religiosidad con su teología, filosofía, la indiferencia de la humanidad de conocer la palabra profética del Señor Jesús, hace que siga la búsqueda incesante de la verdad del hombre sin Dios a través de la ciencia y tecnología y trata de imitar a Dios. Crea además los amplios y diversos distractores que el mundo ofrece, así como también la falsa imitación de la palabra de Dios por su enemigo, encausando cada vez más al desvío de las promesas de salvación y de vida eterna planeada por el Dios a una creación a su imagen y semejanza y al rechazo de cobertura de un Padre que ama al que ha dispuesto al señorío de la tierra.


La verdad ha sido distorsionada, a través de falsas imitaciones y grandes engaños que el maligno, el príncipe de este mundo ha diseñado en un plan perverso para no obedecer a Dios y con ello llevarlos a su condenación eterna. Hay hermanos profundos en la palabra que en sencillas formas de expresión lo han dado a conocer y selecciono una breve reseña de un hermano que disertó hace algunos ayeres y me parece conveniente recordarlos.


El hombre demostró a través de las edades de su existencia en este mundo que era difícil seguir los mandatos de Dios, y Dios en su amor y misericordia diseña un plan profético desde la misma caída del hombre. Él envió a su Hijo al rescate y salvación de todos los hombres. Su precio era caro, doloroso y duro. Pero Él es un Dios de justicia y el hombre requería ser salvado para vivir una eternidad con su Creador.


La amistad, la ley y la elección de un pueblo no fue suficiente; el pueblo judío se fue apartando de su Dios, se habían corrompido y era un pueblo igual que los existentes en el mundo, su frenesí religioso por lo material que al final de cuentas los llevaría a la perdición y el enemigo hizo escarnio de ello, cerro sus oídos, cegó su vista, ensució su mente, envenenó su corazón y deslizó su lengua para pronunciar el mal y alejarse de su Dios.


El tiempo estaba por cumplirse y envió señales con el nacimiento de Jesús y con ello su nacimiento engendrado por el Espíritu Santo y la esperanza viva del amor del Padre a su creación. En su ministerio y obra enseñó lo que el Padre le había dado a conocer a los hombres de esta generación, aprendió obediencia en su humanidad al Padre, hizo milagros, señales y mostró su esencia divina. Enseñó el camino de la fe para la salvación a través de enseñanzas y promesa para el creyente, prometió el Espíritu Santo para recordar toda palabra e inspirar a los hombres a escribir el nuevo pacto y dio su vida pagando los pecados de todos los hombres de todas las edades y sólo puso como condición: creer. Su pueblo no le creyó, más en todas las naciones se levantó el pueblo creyente y se formó su iglesia en toda la tierra.


Después de su muerte resucitó para alegría de los que convivieron con él y de los que creeríamos después en él; ascendió a sentarse a la diestra del Padre prometiendo que estaría con los santos de su iglesia hasta su segunda venida. Así de sencillo y práctico se resume el plan de salvación de nuestro Señor Jesucristo. Intégrate a la salvación y vida eterna, creyendo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Amén.

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