Editorial 166
- Cuerpo Editorial

- 10 jun 2017
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La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu
El Señor Jesucristo es la cabeza de la iglesia y no acepta ni ha pedido un vicario, representante o pontífice. No está escrito en la biblia y Dios no autoriza dicho nombramiento diabólico y blasfemo. Es una afrenta creer que en un hombre se ha depositado o delegado algún poder intermediario, Él sólo reconoce a Jesucristo como intercesor y obispo de las almas de los creyentes, quienes están sumergidos en el sistema religioso universal deben de salir para no ser partícipes de su próximo juicio.
El Padre determinó hablar por su Hijo, y el Hijo habló en obediencia al Padre. Los profetas hablaban lo que Dios les había dicho que hablaran, pero al Hijo de Dios le dio toda la potestad de hablar de una doctrina diferente a la de los profetas y a la ley. Esto debe quedar claro, el Hijo confirma la voz de los profetas y anuncia las buenas nuevas para el hombre, ya los judíos no tienen más el monopolio de solo ellos estar con Dios, sino que se abrirá al resto de las naciones también: a todas las razas, a todas las lenguas y el centro lo constituirá Jesucristo. Ya el Padre no escucha la oración en la cual no medie Jesucristo.
En el evangelio de Juan, Jesús muestra al Padre en él y él en el Padre, su voz es audible y los discípulos lo escuchan; nosotros por fe aun cuando no lo hayamos oído lo creemos por el Espíritu Santo que mora en nosotros. El habló y dijo una gran verdad: el Padre es un Dios Todopoderoso pero a la vez se manifiesta a los hombres como un Padre amoroso, bueno y misericordioso y no quiere que nadie se pierda sino que vengan todos a la vida en su Hijo y a la eternidad.
El Señor Jesús en su ministerio decía que el Padre estaba en él, cosa que sólo los discípulos veían la figura anatómica de Jesús, Jesús decía que el Espíritu de Dios está en él. Y así fue, es y será en nosotros: que también el Padre esté en nosotros. Ahora en la eternidad de gloria y en el Espíritu el Señor Jesús está sentado a la diestra del Padre y no podemos hablar de dos dioses sino de uno solo manifestado en el Padre en el Hijo y en el Espíritu Santo. Los tres son uno.
Todos los hijos de Dios por la fe en Jesucristo somos muchos pero en el Espíritu somos uno, sólo hay una iglesia, sólo hay un cuerpo. Cada uno de los miembros de la iglesia son diferentes en género, en edad, en nación, lengua pero todos somos uno, seremos salvos en lo personal más seremos arrebatados todos en un conjunto, a la vez.
Todos los hijos de Dios por la fe en Jesucristo tenemos el Espíritu Santo y no es que existan muchos Espíritus Santos, sólo hay un Espíritu Santo morando en cada creyente de Jesucristo en diferentes medidas. Esto sólo lo podemos entender en el Espíritu, los discípulos no tenían todavía el Espíritu Santo y no podían entender estas palabras. Pero una vez recibido el Espíritu Santo por los discípulos, fueron investidos del ministerio de los apóstoles, dejaron su antigua condición y vivieron lo que les enseñó el Espíritu Santo ya que tenía la encomienda de enseñarles todo lo que oía del Padre y del Hijo.
La iglesia, después de dos mil años se mantiene firme en toda vocación y profesión de Cristo en su vida, a través de este conocimiento el Padre envió a su Hijo a salvarnos; el Hijo fue recibido en gloria y envía al Espíritu Santo para ayudarnos a ir al Padre. Amén.




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