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No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 10 jun 2017
  • 3 Min. de lectura

La iglesia del Señor Jesucristo establecida en toda la tierra no puede participar en la corriente del mundo. El príncipe de este mundo es satanás: él controla al mundo y con ello a las religiones y a la teología (estudio o tratado de Dios) ¡qué título más arrogante producido por el diablo y seguido por sus adoradores! Mientras los hijos de Dios hemos sido tomados desde la fundación del mundo y el Padre nos ha creado y nos ha llevado a Jesucristo quien nos mantiene en la luz de su palabra, sin necesidad de este mundo.


En su oración al Padre el Señor Jesús sigue manifestando una solicitud que muchos no siguen por causas de su desviación al propósito de Dios de mantenernos como uno, en el nombre del Padre reconociendo a Jesucristo como su Hijo.


El Señor actualmente intercede por la unidad de la iglesia, el gozo de la iglesia es Jesucristo. Si tú tienes otro gozo, no eres del Señor Jesús, es un parámetro espiritual para que veas en dónde te encuentras por causa de la palabra de Jesucristo. El mundo nos aborrece. Esto constituye otro parámetro importante para los hijos de Dios, de que este mundo no nos quiere y nos va negar todo. Pero que esto no nos asuste sino todo lo contrario porque si Dios con nosotros ¿quién contra nosotros?


La intercesión que siempre pide el Señor Jesús es de guardarnos del mal que produce el malo (diablo). Reitera en su petición al Padre que sus discípulos no son de este mundo y todo el nuevo pacto da testimonio de que ellos dejaron todo y siguieron a Jesús en su ministerio. Y el versículo 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad constituye un profético ministerio de abandono de este mundo, los discípulos han sido investidos de apartarlos para la verdad: Jesucristo. Esta petición es la que abroga el antiguo testamento y pone a las palabras de Jesús en su ministerio como la Verdad del Padre.


Leer este capítulo de Juan te aparta de todo conocimiento adulterado y perverso y te hace salir de la contaminación doctrinal, los apóstoles irán por todo el mundo a predicar a Jesucristo 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Esto es el verdadero reconocimiento de labor evangelística para los discípulos de hoy. A la venida del Espíritu Santo los apóstoles se santificaron por predicar a la verdad. Jesucristo es el único digno de de ser predicado. Si quieres obedecer a Dios por eso exclamó 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.


Y en un acto sin precedentes, sin comparación y con una gran responsabilidad el Señor Jesús exclama y nos integró a una vida espiritual completa solamente en Jesucristo, al solicitar en su petición al Padre 20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, ¡ALELUYA! ¡ALELUYA! Ésto es lo que nos avala en el reino espiritual de Dios. En este blog estamos reconociendo las potestades gloriosas de nuestro Padre al ajustarnos a cada uno de los versículos registrados en el nuevo pacto.


Este blog está auténticamente confirmado como un exponente verdadero de la doctrina apostólica de reconocer que somos movidos por el Espíritu Santo de reconocer a Dios como nuestro Padre y a su Hijo Jesucristo como el Enviado. Amén. Retén el nombre de Jesucristo y reconoce que es el Hijo de Dios. Amén.

Transcribimos los versículos en Juan 17:10-20 que fundamenta este tema.


10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 20 Más no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.

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