Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has
- Cuerpo Editorial

- 10 jun 2017
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Las anteriores palabras las expresó en oración al Padre el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo las registra en Juan 17. No es la misma contestación que le dio al rico joven cuando le preguntó las cosas necesarias para la vida eterna. Es muy diferente la respuesta a estas palabras que tiene con sus discípulos y que éstos la transmitieron a la iglesia cuando ejercieron sus apostolados.
La vida eterna consiste en que tu alma vivirá eternamente conociendo al Padre, el único Dios verdadero y a Jesucristo como el Enviado del Padre, así participas primeramente en la salvación y luego con gozo en la eternidad. Qué sencillo es lograr la eternidad sin necesidad de teología o religión, sin necesidad de ritos, tradiciones, costumbres o ceremonias. Tan sólo fe en las palabras del Señor Jesucristo.
El Señor Jesús requería ser glorificado por el Padre y el Padre por el Hijo en poder para salvar a los que el Padre le envíe y nadie se pierda. Jesucristo vino a una misión del Padre y la terminó cuando finalizó su ministerio y ascendió a ocupar su nueva posición con Dios. A partir de ese instante el Señor Jesús ejerce su potestad en el cielo y en la tierra y vela por sus ovejas y los que han creido de la doctrina apostólica inspirada por el Espíritu Santo de Dios.
El Señor Jesús está al pendiente de sus santos en toda su extensión física, almática y espiritualmente: él nunca nos abandonará, él es fiel a su palabra y por ello el Espíritu Santo se mueve con el poder de los dones y fruto de sus santos. La única encomienda es guardar su palabra, palabra que viene del sabio Dios: el Padre. Hoy Dios quiere que le llames “Padre” y que reconozcas a su enviado Jesucristo como su Hijo, de ésta declaración de fe pende una eternidad de tu alma en gozo o de condenación.
Las últimas palabras de Jesús a sus discípulos fueron recibidas por ellos aún cuando no sabían lo que sucedería. Ellos ya tenían en su corazón las palabras del Señor Jesucristo. En el versículo 8 del capítulo de Juan una vez más declara Jesús que él salió de Dios, que él siempre había estado en Dios, el haber venido en carne constituye un gran momento de júbilo y gozo por la iglesia ya que se desprendió de su deidad y vino en carne para salvarnos.
La salvación consiste en creer en este misterio profético que toda su palabra en el nuevo pacto es la palabra de Dios, los creyentes en Jesucristo deben olvidar la palabra vertida en el antiguo testamento y centrarse en la doctrina (conocimiento de Jesucristo) que él salió de Dios y fue exaltado a lo sumo, sepan que nadie en el antiguo testamento ha adquirido esa distinción por parte de Dios.
Recordemos que el Señor Jesús ora mientras dirige estas palabras al Padre e intercede por sus discípulos. Éstos a su vez, inspirados por el Espíritu Santo transmitieron o evangelizaron a los nuevos creyentes y asi fue transmitido a estas generaciones dos mil años después. Asi es como nosotros somos participes de sus promesas y conocimiento de sus mandamientos.
En el versículo 9 del mismo capítulo declara con firmeza que él está pendiente de su iglesia. Ahora su nueva misión es ser la cabeza, el pastor, el obispo de las almas de su cuerpo lo establece en la oración al exclamar 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son. Hagamos un pequeño paréntesis. Esta exclamación confirma la falsedad de la frase “Cristo te ama” dicha por muchos indoctos a los incrédulos en el mundo.
El Señor Jesús constantemente intercede por su iglesia. Ella necesita de los cuidados de su Señor y Salvador, pues el enemigo de Dios, nuestras propias debilidades en la carne y los distractores del mundo requieren estar en alerta permanente en la vida de los hijos de Dios, por esa fe dispensada por el Padre desde antes de la fundación del mundo.
Cristo ama a su iglesia, no ama al mundo. Hace cosas, milagros y prodigios al mundo por causa de los que creemos en él. Porque en nuestras debilidades intercedemos por familiares, amistades, vecinos, compañeros y demás que nos rodean, porque nos duele su condición y por causa nuestra les ayuda a superar su necesidad, enfermedad o petición.
Jesucristo es el que era, es y el que ha de venir, vuelve a Jesucristo y confiesa a Jesucristo como el Hijo de Dios, el enviado para salvar tu alma y obtener la vida eterna. Amén.
Juan 17:1-9 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. 6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son.

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