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Editorial 172

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 5 ago 2017
  • 2 Min. de lectura

La paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo abunde en vuestros corazones


El advenimiento del Espíritu Santo sobre los discípulos del Señor Jesucristo en el Pentecostés fue un momento glorioso para el inicio de su iglesia en este mundo: la promesa del Señor Jesús había sido cumplida. A cincuenta días de su partida, los discípulos estaban unidos y eran unánimes; habían obedecido lo dicho por el Señor Jesucristo y se cumplió la palabra. Porque Jesucristo es la verdad.


A través de los diferentes temas de este blog pueden verse las diferentes promesas que el Señor nos dio a conocer a traves del Espíritu para que confiemos en ellas y sean una realidad en nuestras vidas. Tenemos el Espíritu Santo de Dios y ello nos hace leer el nuevo testamento para conocer dichas promesas. El Espíritu Santo las sabe y las pone en nuestras mentes y en nuestros corazones. Pero los afanes de este mundo y la negligencia de nuestros sentidos hacen que poco meditemos en estas promesas y no lo atendamos.


La venida del Espíritu Santo ha sido transmitida por los apóstoles del Señor Jesucristo y éste se manifiesta de gran manera al creer que Jesucristo es el Hijo de Dios. El Espíritu Santo viene a vivir en nuestro cuerpo y por ello la misma escritura nos hace templos del Espíritu Santo ¿para qué edificar templos hechos con manos de hombres y de cosas materiales? Si el Espíritu Santo de Dios vive en nosotros y se cumple otra promesa de que el Padre y Jesucristo morarán en nosotros.


No hay necesidad de liturgias y posiciones mecánicas humanas para agradar a Dios. El Padre busca adoradores en espíritu y en verdad y al creer en Jesucristo somos partícipes de esta posición de ser verdaderos y adorarlo en esa forma. Los hijos de Dios tenemos una comunión espiritual con nuestro Padre, nos atiende y cuida del príncipe de este mundo y de los males que nos quiera ocasionar.


Debemos de vivir en el amor fraternal de aplicar la obediencia a su palabra y de esperar en sus promesas espirituales. El Señor Jesucristo vino a hacernos salvos y darnos vida eterna, ésa es la máxima gracia alcanzada, vivir una eternidad en su señorío, majestad, gloria. El hombre se pierde en lo terrenal y quiere lo máximo de bienes en esta tierra.


El Señor Jesús nos alienta que esto no es lo importante, sino el reino de Dios en nosotros y procurar el cuidado de nuestra salvación, porque si hacemos esto, todo lo que requerimos para vivir nos lo dará por añadidura.


Esto es la sabiduría e inteligencia de Dios, el mundo pasa pero Él permanece para siempre, el enemigo de Dios nos quiere abrumar y agobiar con los sentidos del mundo, el Espíritu nos vuelve a la paz del Señor Jesucristo y nos recuerda que lo mejor de nuestra vida es vivirla en el Espíritu. Apegado a las promesas del Señor Jesucristo. Amén.

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