Editorial 174
- Cuerpo Editorial

- 19 ago 2017
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La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu
Una de los principales muestras que nos gozamos en el Señor Jesucristo y estamos en su palabra consiste en que seamos unánimes en todo, la discusión no es propia de los hijos de Dios, se pueden exponer los puntos de vista de cada quien y entre todos elegir la mejor del grupo.
Atendiendo el consejo de los ancianos, luego de los adultos y de los jóvenes con 21 años en adelante. No puede airarse o tener un serio disgusto por una situación. Los de mayor edad tienen razón de más voto y los de gran espiritualidad deben guiar a los demás hermanos.
Los pleitos entre los hijos de Dios no son en el Espíritu Santo. Se ha dejado atrás este mandamiento de Jesucristo por atender a la emoción y la carne. La palabra dice que cuando hay airamiento existe la posibilidad de que haya puntos controversiales que dejen la paz de Jesucristo a un lado. Al dejar la paz se pierde todo. Sin embargo, hay salida por medio del perdón y del arrepentimiento.
Hermanos airados en la fe los hace peligrar la salvación, los enojos y airamientos deben volverse al amor y la sujeción. La mayor humildad es reconocer y hace digno al arrepentido. El Señor quiere humildad en su iglesia y no pseudo sabios de soluciones, en todo caso se debe respetar las diferencias y el Señor, que es sabio y majestuoso obrará grandemente en el asunto de discordia.
Las cosas debemos de hacerlas en el nombre de Jesucristo, es la manera de salir adelante en este mundo que no nos quiere y desea la derrota de los hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Miremos a nuestro alrededor y veamos que en muchas ocasiones personas ajenas a Dios son más tolerantes entre ellos que entre los hermanos.
El amor fraternal debe ser de todos los días y práctica espiritual en todo momento. Recordemos la sentencia bíblica enseñada por Jesucristo “una casa dividida no prevalece” si hay algo que debemos tener en cuenta es que la oración del justo puede mucho y todo lo que se pida reunidos dos o más hermanos “os será hecho por mi Padre”.
¿Cómo podremos vivir la vida espiritual si estamos en contienda diariamente? Dejémonos de las cosas del mundo y sigamos a la voluntad de Jesucristo: obediencia a su palabra y libertad para sus hijos. Amén.




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