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Anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 26 ago 2017
  • 4 Min. de lectura

Las palabras anteriores las dijo el ángel que sacó de la cárcel pública a los apóstoles, a fin de que dieran testimonio en el templo. Los siervos de Cristo solamente hablan de la palabra del Señor; los que no son del Señor sino que están en contra de todo lo que sea de la luz del Altísimo, por todos los medios y excusas no quieren que se propague el evangelio del Señor Jesucristo. Éste es un parámetro importante para conocer los que son de la luz y los que son de las tinieblas.


Pero retomemos del capítulo 5 de Hechos los versículos del 17 en adelante como está escrito en la biblia para su descernimiento.


17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; 18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19 Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: 20 Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. 21 Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. 22 Pro cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso, 23 diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. 24 Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. 25 Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo. 26 Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo.


He manifestado públicamente y a través de este blog la aversión de los religiosos a que se predique el evangelio. En los tiempos actuales los líderes religiosos azuzan a las autoridades de prohibir las predicaciones evangelísticas del Señor Jesucristo porque “los ofenden” y “no respetan la constitución”. Dicho gremio religioso, en alarde de fuerza mayoritaria, ocupan las avenidas y calles de las ciudades con peregrinaciones, procesiones, kermeses en aras de contrarrestar las predicaciones a Cristo y como una calamidad extra para los transeúntes a pie, autos y transporte público no andan con ellos.


Publicar el evangelio del Señor Jesucristo es la vida espiritual que nos otorgó el Padre. No hay poder humano que no se enfrente al juicio de Dios por prohibir la evangelización de Jesucristo. Así como el clero judío hizo en los inicios de la iglesia ahora las religiones actuales están en contra de que se publique el nombre del Señor Jesucristo. Los desquicia y los hace odiar al supuestamente Señor que ellos representan. Y con ello se presenta una grave contradicción en el servicio a su dios y sus hechos los condenan a servir a satanás y no al Padre que está en los cielos y a su Hijo que está a su diestra.


En el inicio de la iglesia se estableció en el centro religioso judío. La iglesia dio vida al pueblo de Dios como un acto más de misericordia y de amor del Padre de cumplir a sus siervos antiguos su fidelidad. Mas al rechazar el clero judío a Dios, éste procuró la suerte del pueblo otorgándoles el conocimiento y la fe en su Hijo. Las pruebas del poder de Dios eran manifiestas con el servicio de los ángeles a los apóstoles, el pueblo testificaba que no había nada malo con oír la palabra de Jesucristo: son los religiosos que hacen que no quieren que la palabra corra y sea oída por aquellos que han de ser salvos.


La ciudad de Jerusalén, la ciudad de paz y en donde surgió la iglesia, estaba pronta a ser invadida y el templo a punto de ser destruido como lo profetizaría el Señor Jesús. La iglesia iba ser llamada a la dispersión y por ende a la localidad, al testimonio vivo en el lugar que residan los santos (apartados del mundo). La iglesia iba a manifestarse en Colosas, Filipos, Corinto, Roma y otras ciudades el mundo antiguo y que dejaría a través de las cartas epistolares un fiel legado y registro de conocimientos de la verdad inspirada por el Espíritu Santo. A dos mil años, la iglesia permanece firme en las enseñanzas de Jesucristo a pesar del sistema romano, otras religiones, sectas y organizaciones humanas.


Sin embargo, también llegará el día en que la iglesia termine su misión y función y esperará la venida del Señor Jesucristo, ya no habrá más cuerpo y los santos que queden en la prueba que ha de venir sobre el mundo testificarán y enseñarán que Jesucristo es el Cordero Inmolado, el único Quien es digno de abrir el libro y desatar sus sellos. Amén.




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